ViñaRock 2015
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Cuenta una leyenda de Villarrobledo que un grupo de Festivaleros vagaba por sus calles a la hora del amanecer buscando refugio y que lo único que se oía era un grito a modo de himno... "Kualquier día... Kualquier día...". Esa una de las muchas historias que estos Festivaleros! hemos vivido alrededor del Viñarock.

Historias que os hemos contado y que os seguiremos contando. Historias con letras y fotografías. Historias que esta vez tienen imagen y sonido. El vídeo que cierra este artículo es un homenaje a todos vosotros, los que hacéis posible que Viñarock siga siendo Viñarock. A los grupos que año tras año se suben a ese escenario haga sol o llueva y lo dan todo. Y sobre todo a la gente, a esos Viñarockeros que no desfallecen. Que aguantan el calor de las cinco de la tarde con los primeros conciertos y el frío de las tres de la mañana con los tributos.

Para todos ellos va dedicado este vídeo que intenta reflejar el ambiente que se crea durante estos días en el Viñarock. Así que, dale al play, sube el volumen y recuerda lo que viviste el año pasado. Ah! Y lo mejor de todo, imagina lo que vas a vivir porque Viñarock 2016 ya está aquí!!!!

Nos vemos en el Viña!

J&B

Estas son algunas de las historias que os hemos contado del Viña
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Masivo”. Fue la primera palabra que cruzó mi mente en cuanto planté mi mochila en el polvoriento suelo de Villarrobledo. “Polvo”. Esa fue la segunda. Los coches aparcados se asemejaban a los de un escenario apocalíptico al más puro estilo ‘The Walking Dead’. Por la arena que los recubría en un principio; con las primeras horas del día, también por el elenco.

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Estábamos en el Viña. El ViñaRock. Veinte aniversario, buen año para empezar con lo que esperamos se convierta en una tradición. Parecía que cientos de miles de personas habían pensado lo mismo que nosotras, a la vista de aquel mar de plástico y chapa que era el campamento. Tiendas de campaña y autos se desparramaban en un perfecto caos allí donde alcanzaba la vista; puede que incluso más lejos. He leído más tarde que en aquella humilde villa nos reunimos más de 200.000 personas durante el fin de semana. Pues las 200.000 estábamos acampadas, de eso estoy segura.

Y de fondo: chun­chun­chun, o algo, porque aquello era un batiburrillo de sonidos estridentes. En el enclave albaceteño, no pocos carecían de pulsera ni tenían intención de comprarla. La carpa amarilla chillón del Antiviña, la rave, fiesta non­stop 24 horas para ‘viñarockeros’ y extraños, era todo lo que buscaban. Algunos la habían encontrado el martes, y del gusto no habían visto aún el momento de meterse en el saco. Estábamos a viernes.

Llegábamos un día tarde. Es lo que tiene la vida de mujer trabajadora. Irónico que tuviésemos que relegar el inicio de nuestra andanza viñarockera al día que habría de conmemorar a los de nuestra clase. No lo habíamos tenido fácil para llegar hasta allí, aquella ciudad no cuenta con las mejores conexiones del mundo. Un sol de justicia que disimulaba su fiereza tras un vendaval estaba ahí para rematar la faena. “En el Viña es tradición que llueva o haga viento”, nos dijo una chica bajo un improvisado toldo a nuestro lado. “El año pasado creo que llovió, así que...”. Tocaba soportar al vástago del huracán.

ViñaRock, 2015, Viña, Rock, Festival, ConciertoCon el pelo hecho un estropajo a los 45 minutos de llegar y la bebida aderezada con arenilla, nos mezclamos rápidamente en el ambiente. Por la noche todos los gatos son pardos, todo el monte es orégano y en el camping del Viña todo vecino es susceptible de ser tu amigo. En el rato en el que levantamos nuestra modesta tiendita azul ya nos habían ofrecido asiento, comida caliente, vino y otras sustancias. Estas últimas, las rechazamos educadamente, aunque la oferta se mantuvo durante todo el fin de semana­.

Como decía, el sol pega fuerte en el Viña. Nosotras, en un arrebato de amor propio ­gustamos de estar en nuestras pieles, no de perderlas­, optamos por esperar hasta el final de la tarde para acudir al recinto. Fue un intento fútil, por cierto. El Viña, esa pesadilla para los demartólogos de este país. Y, aunque la localidad cuenta con un maravilloso parquecito de verdes campas y supermercado cercano donde reponer la fuerzas perdidas bajo el escenario, tumbarse allí sin mayor protección que la esperanza de no quemarse no sirve de nada. Lo puede atestiguar el 99% de los asistentes que lucían un acusado tono bermellón, unos más doloroso que otros. Si al menos corriera la cerveza al mismo ritmo que la crema solar...

Durante los dos días que allí pasamos, en ninguna ocasión nos apresuramos por arrancar con la tanda de conciertos. El cartel no nos volvía tan locas como otros años; aunque fuimos con la sensación de que acudían los mismos de siempre, al examinar los horarios más de cerca se nos quedaba cierto regusto amargo. Los que estaban eran muchos, pero faltaban muchos de los que debieron estar. Faltaba un no sé qué que qué sé yo, pero algo faltaba.

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El Viña es uno de esos festivales rockeros que aún lucha por conservar su quintaesencia. Lo consigue solo en parte, a medio camino entre mantenerse fiel a sus inicios y captar a un público mayoritario cada vez más aficionado a estas fiestas de la música. De una forma u otra, enmarcándose en uno u otro estilo, los escenarios de Albacete cumplieron con nota. El Reno Renardo menearon cabezas y arrancaron risas a partes iguales, O’funkillo desprendió ‘flow’ al tiempo que mostraba ‘loh cuennoh’, Narco sacudió como nadie al personal, Sôber y Warcry nos hicieron retroceder en el tiempo y La Pulquería y La Raíz se repartieron el fiestón del fin de semana. Reincidentes no molaron tanto como debieran y Los Suaves regalaron una penosa despedida.

A pesar de todo, ViñaRock mola. Esa fue a la conclusión que a la que pude llegar el domingo bajo los templados chorros de la primera ducha del fin de semana. A las usuarias les diría que los enseres desechables para la higiene personal deben ir a la papelera, no al suelo, pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión­. Aquellos segundos en los que mi mente dejaba hueco para otra cosa que no fuera “por dios, cómo se le da al agua caliente”, concluí que había sido una gran experiencia.

Una cita cambiante, que se adapta, pero que sigue conservando el ideal festivalero de antaño. Sin flores en el pelo ni cazadoras de flecos que ilustrar en Instagram. Un festival que lucha por mantener su actitud dura pero que deja espacio para las trompetas y el confeti. Puede que la combinación perfecta si se sabe escoger bien los ingredientes. Nos guardamos la receta para el año que viene. Porque los viejos rockeros nunca mueren. Y el Viña se aplica el cuento.

Lo mejor: ­
  • - El ambiente. 
  • - Quien no hace amigos, es porque no quiere. ­ 
  • - El parque que días después he venido a identificar como el Parque de Nuestra Señora de la Caridad. Ideal para dormir la mona a la sombra de los árboles.

Lo peor:
  • - El nivel general del cartel, más tratándose del XX aniversario. Es tan amplio quedarás con alguno que te guste, pero es que otros años no daban abasto. ­ 
  • - Que aún queda un año para el siguiente.

Ergo


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Las mejores caras, esas risas, esos ojos de ilusión, esos gestos de rabia, camisetas en recuerdo de los ausentes, esas trompetas, esas maneras de ser feliz... eso si que son Maneras de Vivir.

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No sé dónde vivo, no sé que hora es, no sé si es mañana o todavía ayer... Villarrobledo. Los Boikot resuenan en mi cabeza de camino a nuestro Shangri La festivalero, pero no podemos evitar ir por la calle cantando a Manu Chao y Che Sudaka. Curiosa mezcla. Kalimotxo. Única forma digna de beber kokakola. Me gusta este festival como un regalo un día en el que no cumples años. De pronto, una rave, una porción de pizza, cerveza, seguimos. En Shangri La tocamos la guitarra como quien hace ouija y nos viene a ver el del cruce de caminos. ¿Dubioza cuándo fue? Fue ayer, no, fue mañana, que no que es hoy. Da igual: fue el mejor concierto, o será. Bueno y Boikot, claro, sí, a lo mejor fueron ellos los mejores. Y Manu Chao y Che Sudaka y La Raíz, que no cabía un alma ni en el cielo ni en la selva. Caña a Babylon, hasta que reviente!

El poder del kalimotxo - Viña Rock 2015Directamente de la cinta del coche salen Siniestro Total y lo bordan y Def Con Dos que me sorprenden por ser mucho más instrumentales de lo que me esperaba. Está todo en desorden pero el guitarrista de los Original Wailers se marca un solo eterno y hace reset en nuestros cerebros. Gracias, Al Anderson, ahora mejor. Prepárate Vicky Rock que viene la Mala y los cumpleaños no se celebran cuando eres taoista, y los Chicos del Maíz, lo dijo Charlie: hijos de puta profesionales, lo prometido es deuda chavales. Pero casi no hay sitio y Janis me lleva por el camino de La Pulquería y me alegro porque me siento gitano, como se sienten El Canijo y el Kiko Veneno. Me ponga un Pad Thai vegetal para saltar con La Gossa Sorda. Punk, ska y tallarines: está claro, Reincidentes, en el cielo no hay ni Dios, que estamos todos en el Viña, tan agustito, haciendo pogos como gentle-angry-people con el hardcore punk oi! de los Non Servium.

Pedazo de banda se ha traído El Drogas, da gusto escuchar lo que tienen. Como a Los Suaves, aunque vuelva a no ser el día del Yosi, da lo mismo, me suenan a pureza. Y Rosendo, respeto, asegurando, abuelo, genio y figura. ¿En serio? J&B dice que ha visto a Los Chichos, pues claro, si ahí estábamos todos bailando rumba como punkis. Inolvidable. Como la diferencia entre los Ramones originales y el tributo de Marky: los primeros hubieran acabado hace una hora, sillas volando y algún micro y estaríamos en un tugurio de una ciudad sin nombre... y sonaría mejor. Pero se agradece el esfuerzo.

En cambio, a los Dub Inc les sale solo, en tres minutos todo el mundo limpiando cristales y saltando a ritmo de puro mestizaje roots, ViñaRock is on fire. 200.000 almas rebeldes, dicen. Pues larga vida al Viña, que estoy con Trashtucadaaquí siempre sale el sol y no importa amanecer, se me olvidó dormir, se nos olvidó comer, y no me quiero ir y no quiero volver... Eso vamos cantando ahora hacia Shangri La, un lugar en los confines de la República, en la calle Valeras, Festi-valeras, donde el soundmaker vino un día a mostrarnos un nuevo camino. Gracias kboy por el mejor de los regalos.

Dr. J


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