Una vez aparcado en una gran campa, el pueblo queda a cinco minutos andando, que te dan para apurar los primeros sorbos camineros, admirar el verde montañoso de los alrededores, vislumbrar el castillo donde ocurren los conciertos de la noche e ir poco a poco convirtiendo el silencio en murmullo y el murmullo en música.
Y así llegas a Balboa, pequeña aldea en tamaño, pero gran sitio y maravilloso hogar del Repica Balboa. Al llegar te encuentras con la Casa de las Gentes, un edificio multiusos perfecto para todo tipo de actividades culturales y ya se siente el río Balboa y ya se oye la música y ya se a la gente bailando y ya se intuye la magia, que te acaba envolviendo del todo mientras cruzas el puente de madera sobre el río.
La playa fluvial es el epicentro de los encuentros, actividades y bailes del fin de semana durante el día hasta que el sol desaparece. Ese que si acompaña invita a bañarse y, qué carajo, a bailar dentro del río a ritmo de la cumbia, el balkan, el electro swing, el funk, la rumba o lo que se tercie que salga de los aparatos de Montxo Lautrec, Balskandal, Caravan Disco o Las Hienas, todos encargados de darle ritmo a las tardes de Repica, para las que, por cierto, no necesitas el abono del festi para disfrutarlas. Y también puedes disfrutar con la cerveza artesana Ale, por supuesto de la zona y por supuesto con el vaso que hayas traído de casa, que para eso son reutilizables, productos locales, los puestos de artesanía, los bocatas de la Palloza o la conversaciones cruzadas con músicas improvisadas aquí y allá.
Por la noche, la subida hacia el castillo por los caminos indica que lo que espera arriba va a ser bueno pero te lo tienes que ganar un poco. Y la recompensa llega en forma de auditorio natural, con escenario de piedra y un entorno único con el castillo al fondo.
Allí vemos a Gilipojazz tocando canciones inspiradas en videojuegos de los 90 que todavía no se han inventado, y cuando se equivocan, es jazz. Nos reencontramos con Alpargata, emblemas del mestizaje madrileño con su mezcla de estilos y colores y esa flauta travesera marca de la casa.
Y para reencuentro el de Eskorzo, la última vez que les vimos estaban sobrevolados por un helicóptero de los civiles, pero esa es otra historia ya contada. La cumbia y los vientos de los granadinos fueron exaltando al personal y desatando los primeros pogos. Isla Kume siguieron la fiesta. No conocíamos a esta banda y vimos que forman parte de esta nueva corriente que he empezado a llamar nu folk, en la que ritmos y melodías folk tradicionales se mezclan con electrónica y efectos modernos, con resultados desiguales. DJ Kakalin pone la banda sonora de la retirada.
Al día siguiente La Mare y el Jose salieron con sus respectivas bandas, que les aplican a sus personales canciones una dosis de fuerza y energía que se agradece en un entorno así. Rodeadas ambas, por cierto, por dos intérpretes de lengua de signos que se iban turnando para traducir las letras.
Grande fue el momento en que Catalina Grande Piñón Pequeño invitaron a una de las intérpretes a traducir las suyas que son digamos, algo menos poéticas y más directas. Los de León arrasaron como suelen hacer, punk sin contemplaciones y letras ácidas, con batería, con guitarra y sin bajo, ni falta que hace.
Difícil lo tenían Kumbia Queers para mantener el nivel pero lo dieron todo las de Buenos Aires y engancharon el baile de un recinto lleno pero sin agobios. Hasta que la lluvia, los rayos y truenos hicieron su acto de presencia y obligaron a trasladar a Hadri Hache a pinchar a cubierto desde dentro de la barra. No tardaron mucho en disiparse las nubes y dejar al descubierto estrellas para alumbrar el camino de vuelta.
Y así transcurrió un fin de semana en una pequeña aldea del Bierzo. Una maravilla de sitio y una maravilla de gente, tanto la que hace posible el festival desde la parte de organización, como la que lo hace posible asistiendo como público o artista, conceptos que es habitual que se mezclen en el Repica y no será raro que te encuentres a La Mare dándose un chapuzón o a Gilipojazz sentados entre birras y risas, o a cualquier asistente guitarra en mano cantándole al sol.
Hay que irse y luchar contra las ganas de quedarse a vivir. De mudarse a algún sitio, debería ser al Repica Balboa.
Larga vida al Repica y que siga vibrando!




























