Guca
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Guca, Guça, Trompetas, Serbia, 2019, Festival

"Las mariposas son hadas que viven sólo unos días, por eso no se posan. Lo único que quieren es volar y sentirse libres durante lo que les queda de vida". Lo decía un hada al ver volar a otra entre las últimas tiendas que quedaban en el camping de Guča. Un hada-mariposa que esta vez sí se paró a la sombra de un coche a recuperar algo de aliento para seguir volando libre...
Fue el final de cuento a una historia de cuento, la del Festival de las Trompetas de Guča. Un día antes de llegar a este pueblo perdido en medio de Serbia, un duende de las montañas de Sarajevo había ensombrecido su risueño gesto para dejarnos una frase flotando entre el humo de su cigarro: "Guča is not for couples. Desperate people. Lot of desperate people". Volvió a darle una calada a su cigarro liado a mano y cambió de tema. El aviso ya estaba hecho.

Abandonamos los dominios de nuestro duende Oliver con la certeza de que nos volveremos a encontrar. Tras conseguir salvar el desnivel de la colina tomamos el curso del Drina para llegar hasta la frontera. Durante años hemos escuchado historias de lo que en Guča se vive durante cuatro días. Ahora, lo íbamos a vivir en primera persona.
Guca, Guça, Trompetas, Serbia, 2019, Festival

En cuanto llegas te das cuenta de que allí hay una energía diferente, que allí se mueve algo. Bien podría ser los más de 130 kilos de nuestro vecino Joe, eslovaco de pura cepa y que junto a sus compañeros de acampada no se separó en ningún momento, fuera la hora que fuera, de una botella, con un extraño licor, que parecía no tener fin.

Guča es un pueblo como podría serlo cualquiera de nuestros pueblos de la Castilla profunda. Diría que incluso más pequeño. Apenas tres calles discurren paralelas al curso de un río que baja con el agua justa para refrescarse cuando el calor aprieta. Podría aventurar que allí cualquier día de invierno no viven más de dos mil personas. Durante el festival llegan a recibir a unos diez mil curiosos. Entre ellos estábamos nosotros, mirando todo con los ojos bien abiertos, intentando recordar todo lo que pasaba en cada momento. Sin dejar de sonreír.
Guca, Guça, Trompetas, Serbia, 2019, Festival

Como si de Hamelín se tratara, aquí el sonido de las trompetas atrae a duendes, hadas, festivaleros y demás fauna. No existe un rincón donde no se oiga una trompeta. Las bandas tienen un sexto sentido para localizar a las hadas, rodearlas y hacerlas bailar. Un sexto sentido que usan también para buscar a los festivaleros y reclamar el pago por el espectáculo. En ese juego van pasando las horas mientras la estatua impasible del trompetista vigila que las hadas sigan bailando, que los duendes sigan sonriendo y que el festival no pare.

Guca, Guça, Trompetas, Serbia, 2019, Festival
En este paraíso, la serpiente lleva un contundente bigote y la manzana tiene forma de botella con un licor transparente. Aunque no te lo propongas, te encontrará y desde luego te propondrá un negocio que no podrás rechazar. Hecho el trato toca cumplir promesas, la de escalar la colina más alejada del bullicio para encontrar al hada trompetista. Allí la cabeza recorre cientos de kilómetros para acercar a los ausentes y el corazón viaja al futuro para confirmar lo que ya sabía. El sombrero apunta al infinito y el sol siluetea entre la colina y los árboles. Sonrisas, miradas, estar con quien tienes que estar.

Algunas de esas hadas se esconden al caer la noche, otras duermen y las más elegantes se transforman en ángeles que, guiadas por las cuerdas de una guitarra, endulzan la madrugada con su voz. Los más sonámbulos se acercan curiosos y los focos se centran sobre ellas. El camping es una fiesta, las sonrisas se desbordan en la cara y las miradas cómplices lo dicen todo.

Así es Guča y su Festival de Trompetas. Nuestro duende bosnio se equivocó. Quizá sí hay "desperate people" pero hay otra mucha gente dispuesta a pasárselo bien, a bailar al ritmo de las trompetas, a brindar con Jelen bien fresquita sacada del almacén, a formar equipo, el Team Guča, a superar los obstáculos, a compartir... A vivir la vida... A soñar... A volar... Juntos.

J&B
Guca, Guça, Trompetas, Serbia, 2019, Festival

Guca 2014: Festival de las Trompetas

Querido yo,

He visto en los demás el efecto que puede tener sobre las personas este indómito lugar y, sobre todo, esa poción mágica llamada Rakija, y prefiero tomar ciertas precauciones antes de abandonarnos juntos a la suerte de una nueva jornada en esta villa trompetera.

Si encuentras esta carta en tu bolsillo y no sabes de dónde ha salido, es normal. Es posible que, aunque tú, que eres yo mismo, conocieras los peligros del abrasivo brebaje, hayas calculado mal las dosis o te hayas dejado llevar por las generosas proposiciones de los compañeros que te escoltan en esta odisea o de los simpáticos desconocidos que tanto abundan en este valle. Es probable que ahora no sepas dónde te encuentras ni cómo ni con quién has llegado hasta aquí, si en estos parajes tienes familia o amigos o algún lugar en el que caerte muerto. Es posible, incluso, que no sepas de dónde vienes y ni siquiera cómo te llamas. Todo esto también es normal. Voy a contarte punto por punto lo que necesitas saber para salir de esta.

Guca 2014: Festival de las Trompetas

 Para empezar estás en Serbia, más concretamente en Guca (se lee "gucha"), un pueblo al sur de Belgrado a unas cuatro horas en autobús desde la capital. Hasta aquí habéis llegado tú y otros dos festivaleros porque en este lugar al final de un valle después del cual parece que no puede haber ya nada más, se celebra un festival de trompetas conocido en todo el mundo.

Mapa de GucaPara alojarse, lo más tradicional y recomendable es instalarse en alguno de los camping improvisados en las parcelas de las granjas que los guchenses alquilan a un módico precio que oscila entre la voluntad y seis euros por día. El confort es mínimo pero suficiente y el ambiente, inigualable. Tu tienda está plantada en el que llaman "Camp Brocic", pero no te molestes en preguntar porque nadie sabrá decirte donde está. Para encontrarlo tienes que buscar primero una estatua de un trompetista que está enfrente del Museo de las Trompetas. Probablemente, por el camino te cruzarás con un señor con bigote y un carrito de la compra que intentará venderte una botella de rakija con su foto en la etiqueta. Es Mijatovic. No se la compres por lo que más quieras, pero dile que la reserve para mañana. Una vez frente al trompetista haz abstracción de la muchedumbre que intenta trepar sobre sus hombros presa de la fiebre balkánica y mira a tu derecha. Verás una calle llena de extraños personajes. Sigue por ella y sortea las bandas de gitanos atrompetados, los serbios vestidos de militares, los rosados guiris en chanclas que intentan hacer sonar una trompeta de souvenir, las indescriptibles chicas Jelen, los tentadores frigoríficos de birras de medio litro a 80 céntimos y los puestos de recuerdos tan improbables como pasamontañas de los paramilitares serbios, recopilatorios de lo mejor de Boban y Marko Markovic, pósters con la foto de Milosevic o una motosierra.

Si has escapado a todos esos tentadores estímulos y has llegado a la barrera que la policía ha colocado como inútil frontera a la demencia, sube por la primera calle a la izquierda. A ambos lados, encantadoras casitas con jardín y coches de lujo. Unas marmitas sobresalen de humeantes montones de ceniza. Y el inconfundible aroma del kupus que se está cocinando en su interior... Ya vas recordando, estoy seguro. Allí está ese oasis que llamamos Camp Brocic. Sus insignes habitantes, orgullosos serbo-bosnios, franceses bohemios, sofisticados alemanes alternativos, polacos sonrientes y las tiendas de la tribu de los Festivaleros! Entra en la tuya. Junto a las zapatillas llenas de barro encontrarás una petaca de Rakija... Por fin de vuelta a casa!

Dr. J

Guca 2014: Festival de las Trompetas


Te puedo asegurar que este es uno de los lugares más extraños en los que he estado. Pero también uno de los más divertidos. ¿Por qué extraño? Me lo preguntas justo cuando estoy viendo un cabrito sonriente asándose sobre una parrilla mientras una banda de trompetas hace enloquecer a todas las mesas de esta terraza... Nos pone una hamburguesa con pan pita y un plato de kupus para mi amigo. Hvala! ¿Y de beber? Dos pivo bien fresquitas, en lata nos vale. No, aquí más pequeñas no hay. ¿Jelem o Nisko? Como quieras. Naruci guci! No, eso no sabemos lo que significa pero está en los carteles amarillos y nos hace gracia. Salud se dice ziveli. Siéntate, siéntate que ahora te traen el kupus, hombre. Como una especie de goulash que lleva carne, no sé de qué, y lo hacen en una olla de barro que entierran en las brasas. No te oigo, con esta trompeta en la oreja... NO TE OIGO. Échale una MONEDA al de la tuba, o dale un billete, dinara, dinara, pero NO DEMASIADO que si no nos sacan a hombros por la avenida y nos quedamos sin comer.

Bueno, apúrate el plato que nos vamos al trompetista. La escultura del trompetista es donde está el meollo en este pueblo. La gente se trepa y se hace fotos abrazados al personaje o simplemente cantan a voces a la multitud. Enfrente del museo de la trompeta. Muy borrachos, si. Es lo que hace la rakjia. Cuidado con la RAKIJA TE LO ADVIERTO. No te preocupes si te grito, que después de un fin de semana aquí, sordo te vas a quedar igual . "Rakija connecting people". Ya has visto la camiseta. Pues eso es un aguardiente que hace que no recuerdes nada de la noche anterior. Casi ni recuerdas de donde vienes, como lo del loto en la Odisea. Fuerte, sí, un poco. A cada uno le sabe a una cosa. A mí me sabe a calvados. Nos lo vende a 4 euros el litro un abuelo con bigote y pinta de recién jubilado que se pasea con un carrito de la compra lleno de botellas. En la etiqueta va su foto. Nosotros lo llamamos Mijatovic pero no creo que sea su verdadero nombre. El no se olvida de nosotros, cada vez que nos cruzamos nos enseña una botellita: "tumorrou reservo", nos dice con una sonrisa de oreja a oreja.

 Nos hemos equivocado, por aquí cruzamos el río y vamos al estadio. Pero ya que estamos, vamos. Anoche toda esta plaza estaba hasta la bandera y encima de ese escenario hacían concursos de air truba: como la air guitar pero con trompeta. Y se supone que había que pagar para entrar en el estadio, pero había tal colapso que muchos entraban sin billete o trepaban por ese muro para colarse. Dentro? Una locura. Competiciones de bandas venidas de todas partes: de Rumanía, de Polonia, de Serbia, claro... Por la calle hemos visto una banda sueca y la banda de la facultad de Medicina de Burdeos que han peregrinado hasta aquí. Imagínate el road trip. Aquí, en el concurso, tocaban dos o tres canciones y pasaban a otra banda. Y también tuvimos alguna actuación de grupos serbios en plan folk pop. Bastante kitsch. Pero entrañable. Como el olor a brasa y a rakija por todas partes en este pueblo.Vamos a subir a la colina esa de enfrente a tomar un tentempié, que está toda llena de terrazas y desde allí dominamos todo Guca y te sigo contando...

Dr. J


Tenemos ausencias. Cada vez más a menudo. Una parte de la mente está invadida por una mecánica espontánea que organiza comportamientos estereotipados aparentemente inconexos. Tictac, Tictac, hacia la isla de la libertad. Nos despertamos a las 3 A.M. intentando pinchar una quechua en el cemento del garaje, sentimos el impulso irrefrenable de volver a revisar la mochila, nos miramos al espejo antes de ir a trabajar y nos damos cuenta de que llevamos puesto el sombrero festivalero. El espíritu de Obuda nos está llamando. La cabeza ya está en Sziget.

Pero antes de reencontrar el alma, a los cuerpos festivaleros les queda un largo camino hasta la isla del Danubio. Algunos lo recorrerán en avión, otros en tren, otros ya lo están haciendo en bicicleta. La mayor parte atravesarán Francia, Suiza, Austria, o Italia y Eslovenia para acudir a la llamada. A nosotros, la isla nos ha llamado por el camino serbio con parada obligatoria en Guca.

GUCA! La primera vez que oí esa palabra fue en Sziget, charlando con un festivalero viajero. Tardé diez segundos en olvidarla, pero retuve lo más importante: en un pueblo perdido de Serbia hay un "festival de las trompetas", una concentración de bandas de gitaneo balkánico. Allí puedes acampar en los jardines de las casas y te despiertan los sonidos de las tubas y las trompas. O lo que un festivalero llama el paraíso.


Fue este mes de marzo, más o menos. Había pasado una noche delirando con cuarenta de fiebre de Malta provocada por una resaca mal curada. Me estaba sirviendo un café reparador y recordé, de pronto, que durante la noche había tenido una  gran idea o una horrible visión pero era incapaz de recuperarla de la profunda oscuridad de la memoria. Corrí a buscar la libreta que nunca tengo en la mesilla de noche y allí estaba. En grandes y temblorosas mayúsculas, había escrito: ¿Puede un festivalero soñar con trompetas eléctricas? Así fue como supe que no habría escapatoria: este iba a ser el año de Guca.

El próximo jueves 7 de Agosto, tres festivaleros tienen cita en Belgrado. La misión: ir hasta lo desconocido y tratar de volver. Los horarios de autobús son un incomprensible jeroglífico que pasa por Çaçak y no somos capaces de explicaros como llegaremos. El programa cambia a cada minuto y hasta el propio Goran ha desaparecido con su helicóptero, así que tampoco os podemos decir lo que esperamos ver. Pero no os preocupéis que a la vuelta, si conseguimos acordarnos del sueño, os contaremos hasta el último detalle.
 
Dr. J