Palacio de los deportes
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La pegatina Wizink Madrid 2019
Anunciaron la Fiesta más Grande del Año. Anunciaron sorpresas. Anunciaron que todas las "Maricarmen" entrarían gratis. Anunciaron Sold Out. Y La Pegatina cumplió. Con mayor o menor éxito, pero cumplió. Si se lo preguntas a la gran mayoría de los 9000 que llenaron la pista y una de las gradas del Palacio de los Deportes de Madrid, dirían que sí, que cumplieron. Si se lo preguntas a Mari Carmen, de Donosti, y que, efectivamente, entró gratis al concierto, también te diría que sí.

Todo invitaba a ello: Tres pantallas para no perderse nada, un escenario espectacular en dos alturas para que todos los integrantes del grupo y los invitados tuvieran cabida y disfrute, una extensión al escenario que prometía más de una emoción... Y por si fuera poco, una lista de invitados con Macaco, AmaralBalkan Paradise Orchestra, Ander Green Valley, Rozalén, Arco, Rayden o el Niño de la Hipoteca. Ahí es nada.

Con puntualidad y una "escacharrada" cuenta atrás arracaron. Para empezar ese mix al que nos tienen acostumbrados con el confeti volando por el Palacio (eso sí, esta vez no estaba personalizado con su nombre). La gente llevaba esperando ese momento y se notó, locura desatada y brazos al aire. Quizá por llevar esperando tanto tiempo ese momento, llamó la atención que no se lanzaran directamente sobre la extensión del escenario y se quedaran en la parte de atrás.

La pegatina Wizink Madrid 2019
Apenas cuatro canciones tardó en aparecer el primero de los invitados: Macaco y su gorro de lana fueron los encargados de abrir la sección colaboraciones. Sin tener todavía un sonido a la altura del momento fueron pasando las canciones, las intervenciones de los pipas (de los más aclamados y esperados sobre el escenario). No acaba de sonar todo lo nítido ni todo lo cañón que se esperaba. Y cuando ya íbamos a empezar a maldecir otra vez a la acústica del Palacio apareció Ella. Con un vestido rojo espectacular y, sobre todo, con un torrente de voz que barrió con la primera nota todos los problemas de sonido. Amaral subió el listón y los chicos de La Pegatina no se quedaron atrás.

Las canciones iban pasando y seguía faltando algo, sí el concierto fluía, la gente coreaba los clásicos de La Pegatina con los últimos himnos, pero seguía faltando algo. Una chispa que hiciera saltar por los aires el guión previsto (en el que se les veía algo encorsetados). Esa chispa llegó desde México (o desde la Plaza Mayor, no estamos seguros) con Los Mariachis. Sí, porque cuando creíamos que aquello no podía dar el giro a la fiesta improvisada, aparecieron unos sombreros enormes, unos trajes negros inconfundibles y un ritmo que puso patas arriba a la gente. Y para evitar que aquello bajara tuvieron que salir ellas, Las Balkan Paradise Orchestra (el balkan, siempre el balkan) sacaron sus vientos y su desparpajo a pasear por el escenario. Y ellas sí, ellas sí que se fueron hacia adelante, se adueñaron del concierto y marcaron un ritmo que no pararía hasta el final.

La pegatina Wizink Madrid 2019


Rozalén desató la locura entre las fans. Se reunió de nuevo La Gran Pegatina con La Canija al mando (está claro que cuando ellas dan un paso al frente no hay quien las siga) y se vio esa química tan especial que consiguieron con aquella supergira. Y casi dos horas y media después llegó el final. Un final con todos los artistas sobre el escenario buscando al hijo de Mari Carmen. Una rave en toda regla en la que las maricarmen del Palacio se hacían protagonistas (y eran unas cuantas, prometido).

El éxtasis había llegado pero faltaba una última sorpresa (cómo no!). 6000 pares de calcetines llovieron desde el techo del Palacio para batir un récord. Con el lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo volaron esos calcetines y se puso la guinda a la Fiesta Más Grande organizada por La Pegatina. Ahora, unos días de reflexión y a cargar las pilas porque la temporada festivalera viene cargadita con ellos.

J&B


Royal Blood, Madrid, Concierto
Hacía tiempo que estaba tras la pista de Royal Blood para encontrarlos en directo. Por unas u otras razones nos habíamos estado esquivando en festivales y se me habían resistido hasta ahora. Leía y escuchaba con entusiasmo a aquellos que sí habían podido verlos en directo. Ahora ya soy uno de ellos y puedo decir con una sonrisa que sobreviví al terremoto de Royal Blood en Madrid

El Palacio de los Deportes es uno de esos lugares míticos de conciertos madrileños donde sólo nombrarlo vienen recuerdos de mil y una noches de música y eso que no es de mis lugares preferidos: mala acústica (tradicionalmente), demasiado frío (mucho cemento a tu alrededor), visión regular del escenario (por distancia o falta de altura). Sin embargo, he de decir que la versión Ring, mucho más reducida, con una estética más cuidada y sobre todo con un sonido que te descarga encima sus vatios, me ha sorprendido.

Así se vio desde el primer minuto cuando Black Honey saltó al escenario para calentar al personal. Su universo oscuro (muy propio en estas fechas de Halloween) y el magnetismo que desprende el rubio platino de Izzy Baxter ejercieron a la perfección de teloneros. Media hora más que aseada para tocar sus canciones y dejar flotando en el aire un poso de que tienen camino por delante para seguir creciendo como grupo.

Con puntualidad británica se apagaban las luces y empezaba el trance que provoca Royal Blood. Así lo vive el dúo británico, especialmente un Mike Kerr que parece absolutamente poseído durante los casi noventa minutos que dura el concierto. Su mirada se pierde en el infinito mientras su mano izquierda cobra vida propia para moverse por el traste a una velocidad endiablada, inverosímil para el resto de los mortales. Mientras, Ben Thatcher ejerce de motrónomo con una precisión milimétrica, casi infalible.

Desde el primer acorde de How Did We Get So Dark? no hay descanso. Los coros que se confunden con el fondo del escenario mueven la cadera y los hombros al ritmo que se marca a escasos centímetros. No hacen falta más florituras, es música en estado puro, una batería y un bajo. Una descarga que te aplasta desde el minuto uno. Los sólos de guitarra, los riffs programados, los solos de batería... todo va in-crescendo. Cierto es que las nuevas canciones todavía no llegan con el mismo entusiasmo a la gente que las rompedoras del primer álbum. Pero el espectáculo no se detiene. Las luces blancas del escenario se confunden con las pantallas de los móviles que se elevan para grabar Lights Out. Todo está programado y el clímax llega con el gran final. Cuando se desgarran las primeras notas de Figure It Out Royal Blood se vuelven absolutamente imparables.

Ahí podía haber terminado el show. Apenas hora y diez de concierto. No hacía falta más. Pero quedaba la descarga final. La última ametralladora con la batería disparando sin piedad. Con Mike más en trance que nunca. Con Ben paseándose por el foso saludando al público y recorriendo el escenario. Todavía quedaba sudar la última gota de sangre, real o imaginaria, quedaba Ten Tonne Skeleton y, como traca final, Out of the Black. El escenario se oscurece, dos focos se centran en una guitarra colgada sobre un micro y un gigantesco gong. El terremoto Royal Blood ha pasado por Madrid... y hemos sobrevivido. Hasta la próxima.

J&B

Los californianos Tom, Mark y Travis estuvieron hace poco en Madrid para dar un concierto que se podría definir como poco peculiar.

Blink 182 venía con energía, MUCHA energía para dejar exhaustos a los asistentes en la más de hora y media que duró el concierto, pero lo que no estaba del todo claro era el tipo de público que iba a verles. Teniendo ya mi entrada para ir, un amigo del grupo nos comentó dos días antes que el concierto estaba organizado por una asociación o algo así llamada “Under 18” que básicamente promueve conciertos sanos para que los menores de edad puedan asistir. Esto consiste en entrada libre sin restricción de edad y, evidentemente, no se vende alcohol. BIEN. ¿Pero en Blink 182?

El grupo de gente que íbamos era básicamente de treintañeros creciditos que querían recordar sus tiempos mozos. Algunos incluso se confesaban fans de la banda desde el año 97 habiéndoles visto en directo en EE.UU. siendo teloneros, de teloneros, de teloneros... Cuando nos enteramos de la noticia cundió el pánico no porque no vendan alcohol (que también) sino por el tipo de público que iba a asistir. ¿Tiene acaso Blink 182 un club de fans secreto a lo Justin Bieber que no conocemos? NI MUCHO MENOS. Cuando entramos al recinto no pudimos como poco estallar de la risa al ver que estábamos rodeados de gente de nuestra quinta. ¿Menores? Sí, puede ser, alguno, pero lo que allí abundaba era gente que había pasado su adolescencia escuchando Blink 182.

Visto el panorama nos relajamos, pero no evitó que nos molestara la hipocresía de unos promotores que prohíben la venta de alcohol alegando que es para menores cuando todo el mundo había colado alcohol (el suelo era un reguero de botellitas de alcohol) y la gente fumando tabaco... y lo que no es tabaco. Para colmo a mitad del concierto se acabó la cerveza sin alcohol. ¿Quéeee? Sí, no venden cerveza de verdad y la poca que tienen se les acaba. En fin, un desastre.

¿Que qué tal el concierto? Una pasada. Algunos íbamos con el miedo de haber escuchado algunas de sus últimas grabaciones en vivo en las cuales se apreciaba a un Blink 182 sin voz, falto de ritmo en ocasiones y un sonido que apenas se parecía a las grabaciones originales. Se echaba de menos ese directo del disco The Mark, Tom and Travis Show... En previsión de una catástrofe íbamos con las expectativas muy bajas para evitar una probable decepción en la medida de lo posible. Menuda sorpresa nos llevamos cuando arrancaron el concierto con un Feeling this que sonaba... maravilloso. Posiblemente no sea su mejor canción, pero tras Up all Night llegó el celebérrimo The Rock Show y el Palacio de los Deportes estalló. Saltos, empujones, fiesta y coreos. Muchos coreos. La gente se sabía las letras de casi todas las canciones y Mark y Tom en varias ocasiones dejaban de cantar para escuchar a sus fans desgañitarse con sus letras.

El resto del setlist fue más que correcto. Introduciendo cada pocas canciones algunos temas de sus últimos discos no tan famosos se intercalaba bastante bien con los éxitos de siempre que todo el mundo conoce. Momentos de histeria fueron First Date, Man Overboard, All the Small Things y la cañera Josie. A pesar de la falta evidente de nociones de canto de Blink 182 el auténtico triunfador de la noche fue su batería, Travis. La figura del batería que normalmente suele estar en segundo plano se lució y demostró una superioridad apabullante sobre sus compañeros en un solo de casi 5 minutos en el que demostró que está en plena forma. Tal es así que los gritos finales antes del bis no reclamaban a Blink, pedían Travis.

Sin haber encontrado una explicación a por qué suenan tan mal los temas grabados en directo, Blink 182 gana en concierto y mucho. De momento siguen estando en forma y recomiendo no prestar atención a las versiones que se pueden encontrar en Spotify o YouTube (salvo el disco el disco The Mark, Tom and Travis Show claro).

Como anécdota final decir que el sentido del humor del técnico de sonido (o de la dirección del Palacio de los Deportes) es de traca. Tras hora y media larga de auténtico punk americano decidieron que la canción más apropiada para desalojar el recinto era la canción de moda 'Call me Maybe' de Carly Rae Jepsen. La imagen de miles de personas andando despacito hacia la salida tarareando esta canción es posiblemente de los recuerdos más bizarros que he vivido en un concierto.

Quequé


Blink 182 @ Madrid - 20/07/2012 - Varias canciones