STING - GRANADA - 1001 MÚSICAS

Tras una larga espera, ya llegó el tan esperado 15 de julio para al fin poder disfrutar de uno de los iconos de la música mundial e historia viva de la misma: STING.

La gente que me conoce sabe muy bien que no soy de las personas que dicen que antes se hacía mejor música; todo lo contrario. No idolatro a las grandes figuras, sino que las trato con sumo respeto, dándoles la importancia que tienen sin ponerlas en un pedestal. Sting es una de esas figuras, tan importante e irremplazable que cambió la música de su época y dejó una impronta indeleble en la música rock y en la mente popular.

Antes del concierto me volví a empapar de su música. Era con cierto recelo que escuchaba su disco "3.0 Live", trabajo que da nombre a la gira y que, a las primeras escuchas, me resultó muy tranquilo y poco eléctrico, aunque esos cambios en los arreglos no afectaban en nada a los temas. Si la materia prima está ahí, el resultado solo puede ser bueno.

Sting eligió el formato power trío, con Dominic Miller a la guitarra y Chris Maas a la batería, un formato que acompañó al artista en sus inicios con THE POLICE y al que hoy vuelve tratando de regresar a los orígenes, eso sí, adaptándose a sus tiempos.

Tras un día de calor aplastante en Granada, accedemos a la plaza de toros, donde nos espera un escenario con un montaje minimalista y unos asientos en las gradas que más bien parecían estufas e irradiaban calor como el mejor calefactor de mi casa.

STING - GRANADA - 1001 MÚSICAS

Unos minutos antes de lo previsto, y con un recinto ya lleno, empezó a sonar la introducción del concierto. Salieron Dominic Miller y Chris Maas cogiendo su sitio y, pocos segundos después, Gordon Matthew Thomas Sumner, mundialmente conocido como STING.

Fue el principio de una hora y treinta y cinco minutos de música casi sin parones, donde el artista y su banda desgranaron sus grandes éxitos, tanto en solitario como con THE POLICE. “Message in a Bottle” fue la encargada de abrir el show, seguida por temas de su propia cosecha como “I Wrote Your Name (Upon My Heart)” y despuntando con “Englishman in New York”, que fue ampliamente coreado por el público. Realmente, Sting podría no haber cantado y los asistentes lo hubieran suplido sin ningún problema.

Se encadenaron los temas hasta llegar a otro punto culminante como “Fields of Gold”, que personalmente me dejó una marca indeleble.

Tras ello, Sting tomó asiento para un par de temas, sin rebajar ni un ápice la intensidad del concierto. A sus 74 años goza de una salud envidiable; se le ve ágil y muy activo sobre el escenario, ayudado por su micrófono inalámbrico que le permite moverse por todas partes sin estar atado a un pie de micro que, a veces, se convierte en un ancla para los vocalistas cuando además son instrumentistas.

Driven to Tears”, “A Thousand Years” y “Can’t Stand Losing You” formaron otro de los bloques que nos dejó encandilados.

La intensidad y los sentimientos fueron in crescendo al acercarse el final con “So Lonely”, “Desert Rose” y explotando con “Every Breath You Take”, que sirvió de «cierre» al concierto con los artistas despidiéndose del público.

Pero todos sabíamos que no iba a acabar así…

«¡Roooooooxaaaaanne!». El trío volvió a escena para un par de temas. El tan esperado para mí (y no tanto para mis vecinos de grada) “Roxanne” sonó como siempre lo había imaginado. Me dejé la garganta en el segundo estribillo; mi vecino de la derecha, un oído, pero yo estaba en trance.

Para despedirse, Sting eligió “Fragile”, tema en el que cambió su eterno bajo por una guitarra acústica y se entregó desarmado al público. Un cierre emotivo que, cuando sonaron los últimos acordes, nos dejó con una gran paz interior.

STING - GRANADA - 1001 MÚSICAS

Se cerró el telón de un show que demuestra que no son necesarias las grandes producciones para ofrecer un gran espectáculo cuando la calidad musical está ahí. Tres hombres con sus instrumentos, unas pantallas que solo servían para que las personas más alejadas pudieran ver a los músicos y nada más. No hicieron falta performances, fuegos artificiales ni proyecciones: Sting 3.0 demostró que menos es mucho más.

Me llevo en el corazón muchos momentos que ya son parte de mi vivencia, no solo como redactor, sino como persona, porque eso es lo que tiene la música: enriquece a quien la escucha y la vive.

Yo seguiré respirando música en cada uno de mis alientos.

El ciclo de conciertos 1001 Músicas Caixabank, como cada año, nos permite vivir momentos intensos, y le damos las gracias por dejarnos ser participe de ellos.



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