Fotos: Fran Carrasco. Texto: Miguel Buendía. No todos los días un
festivalero de pro tiene la oportunidad de montar su propio festival
desde cero. Este humilde redactor que aquí os lo cuenta lo ha
conseguido y, tras su tercera edición, os lo voy a contar, a la par
que os animo a montar vuestra propia iniciativa.
Qué son las Jornadas De Ida y Vuelta
De Ida y Vuelta se
celebra cada Julio en la ciudad alicantina de Torrevieja y está
pensado como unas jornadas culturales de encuentro entre artistas,
público y ciudadanos en torno a las culturas hermanas de Cuba y
España. Es también una plataforma abierta formada por creadores de
muchos tipos en la que caben muchas propuestas artísticas (música,
cine, danza, talleres, arte, street art, conferencias, gastronomía o
juegos, por el momento). Tiene un doble objetivo: explorar y celebrar
las similitudes y diferencias de Cuba y España, y dejar un poso
cultural que estimule la nueva creación en la ciudad en que se
celebra. Frente al modelo clásico de “festival” que monta un
gran evento durante unos días pero luego desaparece, pensamos en De
Ida y Vuelta como un viaje continuo, que se remata en una gran
celebración de una semana.
Cierre el sábado 21 con música junto al mar por el grupo de Raúl Rodriguez y Arará Quartet.
La verdad es que
viajar, ver muchos festivales, y trabajar en algunos de ellos, ha
sido (y sigue siendo) un excelente aprendizaje para la creación del
tuyo propio. Ya sabéis, siempre hay que aprender de los maestros
para luego hacer lo que a uno le venga en gana :)
Aunque eso de “hacer
lo que a uno le venga en gana” es más una fantasía que una
realidad. Claro que uno tiene poder de decisión, pero siempre ha de
contar, además de con las obvias limitaciones de presupuesto y
requisitos legales, con su equipo, y este es un nutrido colectivo que
comprende, además de la Concejalía de Cultura de Torrevieja, la
Universidad de Alicante y la Embajada de Cuba, personas de mucha
índole: una psicóloga, varios pintores, un fotógrafo, un
diseñador, una arquitecta, una funcionaria, varios maestros, un
informático, un músico, un empresario hostelero, un vidriero, una
cineasta, un publicitario... estos son algunos de los marineros que
forman parte, de una manera o de otra, de este apasionante viaje.
La III edición
Desde el inicio tuvimos
claro que estas jornadas no consistían sólo en celebrar, sino en
conocer, fusionar y crear (de ahí su lema “arte, fusión y
conocimiento”). Por eso el año pasado se unió la Universidad de
Alicante, organizando un curso y conferencias donde se hablase de
muchas disciplinas, pero en un ámbito de aprendizaje. Además de
esto, este año ha habido otra gran novedad que abre la puerta nuevo
camino: hemos invitado a artistas de un puerto de la ruta histórica
de las Américas, comenzando por Sevilla, puerto originario de
Indias, por donde primero entraron ideas de todo el mundo en nuestra península. Esto tomó forma en que varios artistas sevillanos nos
visitaron y algunos de ellos se integraron en nuestro equipo durante
la semana, formando parte de la familia como uno más. Estos artistas
fueron el dj Ion Din Anina, el artista urbano Zësar Bahamonte, y
como visitante de corta pero intensa duración el músico y antropólogo RaúlRodriguez, que explica su experiencia en el siguiente vídeo:
El mural que durante la semana crearon el sevillano Zësar Bahamonte y el torrevejense Sean.
Durante la semana del
16 al 21 de Julio pudimos disfrutar de muchas propuestas, cada más
cada año, con mucho esfuerzo e ilusión, un presupuesto limitado
pero un equipo que lo suple. Hay muchas maneras de suplir la falta de
recursos económicos, y la mejor que se nos ocurre y la más hermosa
es la colaboración con otras instituciones, asociaciones, empresas,
la lógica del, si tú no puedes, busca ayuda. Todo esto puede
parecer que complica la coordinación pero, bien hecho, enriquece
enormemente la propuesta y además la simplifica porque se basa en la
colaboración.
A colación de esto,
comenzamos la semana con un ciclo de cine hispanocubano que cuenta
con la colaboración de la Embajada de Cuba, quienes nos envían una
selección del mejor cine cubano (que sorprende por la calidad de sus
historias) y la asociación cultural local “La Cueva de Melpómene”,
quienes nos ayudan a elegir los filmes y a presentarlos. Todo en el
patio de la biblioteca municipal, recuperando el espíritu de esos
cines de verano que nunca se deberían de haber perdido.
El guionista cubano Alejandro Hernández, escritor de "Habana Blues", "El Autor" o "Todas las mujeres"
Casi a la vez del ciclo
de cine, comenzaron las conferencias de la Universidad de Alicante,
este año enfocados a las disciplinas artísticas de la música, el
teatro de variedades y el cine. Además de varios estudiosos y
profesores de la Universidad de Alicante, brillaron con luz propia el
neo-trovador Raúl Rodriguez, conocido por su labor en solitario y
por sus trabajos con su madre, Martirio, con Santiago Auserón, Kiko
Veneno o Raimundo Amador, con su conferencia “Antropomúsica De Ida
y Vuelta”, el guionista ganador de un Goya Alejandro Hernández, y los integrantes de la prestigiosa Radio Gladys Palmera José Arteaga y
Tommy Meini.
La curadora de la exposición Aned Machado dando la bienvenida al público que vino a abrir "¿Hacer las Américas?"
Obra del artista cubano Ernesto Planas
José Arteaga y Tommy Meini lanzando temazos en la Sesión Gladys Palmera.
La Sesión Gladys
Palmera, con una selección sacada de la colección más grande de
música afrocubana del mundo, fueron los encargados de abrir la noche
del jueves 19 un evento que ya se ha convertido de los más esperados
del año en Torrevieja: la inauguración de la exposición de
artistas cubanos y españoles. Este año tenía como hilo conductor
la idea de “¿Hacer las Américas?”, como idea del viaje
transformador, de la emigración y la inmigración.
Y llegado el fin de
semana, el baile y la música tenían que tomar el protagonismo. Para
ello se intervino un precioso parque junto al mar y se transformó en
una verbena de un pueblo marinero, que bien podía encontrarse en
Cuba o en España. Allí tuvieron cabida el son cubano, talleres de
flamenco y de percusión africana y los ritmos entre lo tradicional y
la vanguardia del sevillano Ion Din Anina, quien repitió este año
y, junto al pintor Zësar Bahamonte, ya se ha convertido en parte de
la familia de estas jornadas.
La bailarina Sandra Esteve en el taller de flamenco
Sesión de baile en el templete por Ion Din Anina (Sevilla)
Taller de percusión y baile por African Djembe (Senegal)
Son y salsa por el Septeto Miguelito Quesada
Quién también ha
dejado un hueco en nuestros corazones es otro sevillano, el
anteriormente mencionado Raúl Rodriguez, cuyo discurso artístico
rema en paralelo al de nuestro encuentro artístico. Nuestro objetivo
común es la búsqueda de un nuevo folklore que, en palabras suyas,
“retrocede hacia el futuro”, que es tradición y vanguardia a la
vez. Su concierto en formato completo hizo soñar junto al mar a las
gentes de Torrevieja y a sus visitantes.
Raúl Rodriguez y su grupo nos hicieron soñar junto al mar
Arte en las manos
El bailaor Mario Vargas
Una vez terminado
siempre queda la sensación del trabajo bien hecho. Aquellos que os
dediquéis a los eventos sabéis de qué hablo: de que todo el estrés
y esfuerzo ha merecido la pena para poder llevar algo a la gente,
para emocionarla, hacerla reír, bailar... es uno de los mayores
gozos de este mundo. Este año tenemos la sensación de que, tras tres años de ediciones, se ha abierto una nueva puerta, que este barco no ha hecho más que zarpar, sólo que ahora tiene claro su rumbo y que cuenta con los mejores marineros que haya visto navío.
El equipo organizador casi al completo
Como podéis intuir,
esta amalgama de propuestas es fruto del duro trabajo de un colectivo
que, en palabras del maestro Raúl Rodriguez “trabaja en busca de
la verdad y de la belleza”. A todos ellos y ellas va dedicado este
artículo, vosotros sabéis quiénes sois.
Miguel Buendía es
gestor cultural bajo el nombre de Nomad Radio, y ha trabajado en proyectos artísticos y musicales en España, América, Europa, Asia y Australia.
Son las tres y media de la tarde. Marcial me deja en el semáforo de la 26, justo enfrente de la Ciudad Deportiva de La Habana. No puede acercarse más. Todo está cortado. Me despido de mi taxista y nuevo amigo y salto del Lada para unirme al hormiguero humano que está rodeando el recinto en su camino hacia la puerta de entrada. Transitamos por una larga acera entre la valla y una fila de autobuses que no paran de vomitar gente. Acelero el paso. Solo hay una barrera de policía. Con sumo respeto se limitan a saludar y mirar algunas mochilas. A mi solo me toca el saludo. Solo limitan bebidas alcohólicas. Más o menos.
En una primera puerta la gente se acumula. Da acceso al primer anillo, el de pie de escena. Una chica sale del tumulto, decepcionada. "Ya no entran más, ¡solo con invitación!". Corro hasta la siguiente puerta, que no es más que un agujero abierto en la verja. ¡Estoy dentro! El escenario no está lejos y aún no parece haber tanta gente como para no poder llegar lo bastante cerca. Intento salir de mi perplejidad y avanzar sin entretenerme con los diferentes personajes que me voy cruzando. A la altura de la primera torre de sonido me detiene una barrera que me separa del recinto de los elegidos. "Compadre, disculpe, ¿cómo se pasa a ese lado?", le pregunto al policía que tengo enfrente. Como suponía, me responde "solo con invitación".
Elijo un lugar en el que queda un poco de espacio y con buena visibilidad y me instalo para cinco horas de espera. Ahora ya puedo mirar a mi alrededor. Veo camisetas de Metallica, de Pink Floyd, de Iron Maiden, de los Doors; banderas de Cuba, de Ecuador, de México, de Inglaterra, de Argentina, de País de Gales; individuos solitarios, grupos de amigos, familias enteras de hasta tres generaciones. En las pantallas del escenario se anuncia algo imposible: "Rolling Stones en Cuba". Y sin embargo, allí estamos.
Nadie sabe a ciencia cierta qué va a ocurrir, aunque todos esperamos que ocurra algo muy importante. Hay una curiosa tensión que contrarresta la simpatía tradicional de los cubanos. Entablar conversación cuesta unos minutos más de lo que es habitual en las calles de La Habana. Pero todo llega. "Es histórico". "Es como el concierto de Pink Floyd cuando el muro en Berlin". "Llevamos décadas esperando algo así". "Ya han venido otros grupos a tocar gratis a Cuba, esto no ha hecho más que empezar... pero los Rolling Stones, mi hermano!, esto no tiene comparación." Delante de mí, unos simpáticos italianos con sus gorras de guerrilleros compradas en la Habana Vieja están locos por saber dónde encontrar una camiseta de los Stones en Cuba. Una chica les saca de dudas: no las venden en ningún sitio, cada uno se ha fabricado la suya.
A unos cincuenta metros a mi derecha, una tímida bandera de EE.UU. emerge como un periscopio. Se mantiene un par de minutos ondeando y desaparece. La operación se repite cada cierto tiempo y la bandera se mantiene a flote cada vez más rato. Un grupo de argentinos se han encontrado a unos ecuatorianos y gritan sin parar como en si estuvieran en La Bombonera: "Ecuador y Argentina que alegríaaa!". Se nos van pasando las horas intercambiando pareceres y algunas provisiones y nos damos cuenta de que son las siete porque ya no queda sitio para seguir sentados. A mi lado un señor le dice a su hija, Lisa, que es el momento de montar el teleobjetivo en la Nikon. Son una familia habanera y vienen pertrechados con cámara, dos objetivos, tableta y smartphone, un arsenal que parece insólito para un cubano medio.
A esas alturas ya estamos bastante apretados y no nos parece bien dejar avanzar a la inglesa y la coreana que nos empujan con la excusa de ser periodistas en su país. "Quedaos aquí con el pueblo, que lleva esperando durante horas. Y si no haber llegado antes. De todas maneras, en cinco metros encontraréis una barrera y no os dejarán pasar." La coreana quiere seguir intentándolo y desaparece en la multitud, pero la inglesa está harta de seguir a su amiga. "La he conocido hoy en un taxi y hemos simpatizado, pero yo me planto aquí: ya la encontraré luego." Es Angela. Me alarga una lata de cerveza Cristal. Me viene al pelo, porque estamos a 30 grados y no se vende nada de bebida en todo el recinto. La chica inglesa nunca ha visto a los Stones y aún así se arriesga a apostar sobre cuál va a ser la primera canción del concierto: para ella, Gimme Shelter, yo estoy seguro de que será Jumpin' Jack Flash. Hay una Cristal en juego.
Todos a sus puestos. Las ocho y media en punto. Un vídeo de introducción nos atrona desde las pantallas y nos indica que salimos a escena en un par de minutos. Smartphones encendidos, banderas en alto, no tanto que no dejáis ver a los de atrás... "¡Somos el público de los Rolling Stones!" - nos repetimos, nerviosos- "¡todo va a salir bien!". Ladies and gentlemen, The Rolling Stones!
Las pantallas multiplican una gigantesca imagen de Keith Richards que avanza hacia nosotros lanzando los primeros acordes de Jumpin' Jack Flash. He ganado una apuesta. Perdemos los papeles. Unos agitan el smartphone, otros dejan la bandera por cualquier parte, hay quien intenta subirse a hombros del primero que encuentra, solo acertamos a alzar los brazos y gritar. Gritar muy fuerte. Es una sincera explosión de júbilo, una auténtica liberación.
It's only Rock'n'Roll (but I like it) y nos invade una especie de letargo. Angela tiene razón: los extranjeros somos los únicos que nos movemos. Nuestros compañeros cubanos están perplejos; en sus rostros, miradas vidriosas y sonrisas soñadoras. Una multitud de pantallas de teléfono se eleva sobre las cabezas como un enjambre de sofisticadas luciérnagas. "Buenas noches, mi gente de Cuba", suelta Jagger antes de dejarnos seguir segregando endorfinas con un memorable Tumbling Dice.
"Aquí estamos finalmente. Estamos seguros de que esta va a ser una noche inolvidable." y medio millón de gargantas se arrancan a acompañar con oooohooohs el estribillo de Out of Control. Los cuatro demonios están rejuvenecidos y se lo están pasando en grande. Mike ya se ha lanzado a hablar en español con su gracioso acento angloamericano y ha visto que funciona: "Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música aquí en Cuba. Pero aquí estamos, tocando para ustedes. Pienso que finalmente los tiempos están cambiando. Es verdad, ¿no?" Todos queremos creerlo pero nos lo vamos a pensar mientras nos regaláis All down the line. Libertad, gritan unos, Patria o Muerte, dicen otros. Hey, atentos, que seguimos estando en el concierto de los Stones, si no ya hablamos de eso otro día. Mira que el compañero Miguel está dedicando Angie a los cubanos románticos. Esta nos la sabemos todos así que todos a cantar como si fuéramos uno.
Hasta aquí los preliminares. El primer clímax del concierto llega cuando encadenamos Paint It Black y Honky Tonk Women. La sintonía ahora es total. "La estamos pasando superbien!" -sigue Jagger- "Anoche fuimos a la embajada británica. Y bebimos whisky y comimos fish and chips. Después comimos arroz y frijoles en un paladar. Pero lo más rico fue bailar rumba cubana!" Nos tiene en el bolsillo y lo sabe. Es el momento de presentar a la banda y dejarnos con su compadre y bucanero Keith Richards. Es el ratito particular del pirata, con los inevitables You Got The Silver y Before They Make me Run y esos impagables destellos de complicidad con Ronnie Wood.
Midnight Rambler nos vuelve a traer a escena a los cuatro magníficos. Jagger se acerca con su armónica a Keith Richards y ambos se dejan llevar por la corriente abajo del Rythm'n'Blues. La versión se alarga porque Mike ha decidido hacernos cantar y no hemos podido negarnos. "Muchas gracias Cuba por toda la música que has regalado al mundo!" Como ya estamos calientes, vamos a cantarnos un Miss You, versión extendida, todos juntos y luego un Gimme Shelter y ahora a saltar como locos con Start Me Up. Oscuridad, luces rojas, símbolos diabólicos. Llega el momento de ver si en Cuba saben hacer wooohoos.Sympathy for the devil. Woohoos de sobresaliente. Pleased to meet you, señor Jagger. La canción se trunca de golpe y nos encontramos con un Brown Sugar que sabe a despedida y se nos disuelve demasiado rápido en la boca. No nos podéis dejar así, exigimos satisfacción! Que no se mueva nadie hasta que vuelvan a salir.
El coro arranca la intro de You Can't Always Get What You Want y nos pone un nudo en la garganta. Pensamos en todos los que no están aquí con nosotros, familiares y amigos para los que tenemos la obligación de no olvidar nunca lo que nos está ocurriendo. Hasta el coro se acaba descalabrando hacia el final de la canción y no nos importa porque sabemos que deben de estar tan emocionados como nosotros. No hay problema, ya nos encargamos de cubrir su flanco aullando ... you get what you neeeeeed!! y repitiendo a gritos hasta la saciedad esa gran verdad: You Can't Always Get What You Want, pero si te lo curras tendrás lo que necesitas.Y por fin,Satisfaction, para que todo vuelva a estallar por última vez. La Habana aprende un nuevo himno revolucionario. Nonono! Yeyeyeah! Fin del orgasmo.
Solo la mitad del público se dirige hacia la salida. Los demás nos quedamos paseando sin rumbo o sentados sobre el césped, fumando el purito de después. Hemos hecho Historia. No nos vamos. Nunca nos marcharemos de la Ciudad Deportiva de La Habana. Esta noche durará toda la vida.
25 de Marzo. Son las dos de la tarde en La Habana.
Se abren las puertas de la Ciudad Deportiva. Los primeros en entrar en el recinto han pasado toda la noche a la puerta. Joseph, en cambio, llegó a las 10 de la mañana y en unos minutos va a estar muy contento por haber podido acceder al pie de la escena. Viene de Seattle y conoce bien Cuba, pero esta vez está aquí sobre todo por el concierto. Viaja en solitario, pero en esta isla uno nunca esta realmente solo.
Exactamente a las dos de la tarde, Lisa y sus padres salen de su casa con dirección a la Ciudad Deportiva de La Habana. "No has olvidado el otro lente, ¿verdad?", pregunta el padre. Lisa señala su mochila y dice que lo lleva todo, incluido el teleobjetivo para la preciada reflex con la que esperan inmortalizar el momento musical más gigantesco ocurrido en su país en las ultimas décadas.
Las dos de la tarde es la hora exacta a la que llega un bus urbano de Nuevo Vedado a Ciudad Deportiva. Dany, Gleybis y sus amigos bajan a toda prisa y revisan que el ron va bien escondido en las mochilas. Son estudiantes en la Universidad de La Habana. Medicina, Filología Inglesa, Ingenieria Química... El futuro cierto de un pueblo de incierto porvenir. Hoy algo va a cambiar: se piran las clases. Es el día de los Rolling!
A las dos de la tarde una inglesa llamada Angela comparte un taxi con una chica de Corea del Sur a la que no conocía de nada. Ambas son periodistas, pero están de vacaciones en Cuba. Nada más salir del taxi, Angela piensa comprar una remesa de latas de cerveza Cristal para pasar la espera. Dicen que lo primero que Raúl preguntó a Obama cuando se encontraron hace unos días fue "¿Cristal o Bucanero?" La Bucanero es mejor, pero la Cristal quita la sed de maravilla. El concierto es a las ocho y media... ¿Ocho latas serán suficientes?
Dos de la tarde. Fulvio emprende el camino a la casa particular en la que se aloja. Los dueños le han propuesto cambiarse solo por un día a otra casa cercana porque tenían problemas de disponibilidad. Es italiano y fotoperiodista y ha pasado la mañana tomando fotografías de la gente esperando para entrar en la Ciudad Deportiva. Tiene el tiempo justo para el cambio de casa, revisar su Leica y correr al concierto.
Dos de la tarde en La Habana. Marcial espera la llegada del autobús de Trinidad en la terminal de Viazul. Si hay suerte, allí encontrará uno o dos clientes para redondear la mañana. Es taxista en La Habana y hoy no podrá ir al concierto porque tiene un niño chiquito. Le preocupa el tráfico. La Habana está revuelta. Han cortado la 26 y todo es un caos. No sabe que, en unos momentos, en su destartalado Lada rojo va a conducir a un festivalero a la casa particular en la que se alojan Fulvio y Joseph y luego a la Ciudad Deportiva. Allí, a las ocho y media, un terremoto llamado Rolling Stones va a sacudir con fuerza este país de Cristal... Y Bucanero.