País Vasco
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El círculo se cierra en Gernika. El Gernikako Lekuek fue el último festival del que disfrutamos en 2020 por estos lares; curiosamente, será el primero de 2021 un año después del inicio de la pandemia. 

Aguanta el pequeño-gran evento de Gernika, que ha anunciado fechas y cartel: Vulk, Rita Payés, Elle Belga, Rüdiger, Teksuo, Labana, American Folk Singer, Tashakor, Aiama  & Aneguria, Knives, Azken Sustraiak, Feline y Euskatalites se darán cita entre el 13 y el 21 de marzo en las salas Iparragirre, Astra y Lizeo.

Una gran noticia, tras su cancelación abrupta hace casi un año, y solo a mitad de celebración, cuando se nos venía encima el primer confinamiento. Este año, señala la organización que no lo llamarán 'festival', "por el simple hecho de no poder vivirlo con la espontaneidad y amplitud de antes". Antes, cuando, explican, la cita "estallaba" en el pueblo y llenaba las calles de dinámicas diversas. Aún así, Lekuek mantiene "el deseo de programar una semana de conciertos en formato pequeño, cine y exposiciones", conscientes, dicen, del riesgo de que quizás haya que posponerlo todo.

Y es cierto que habrá de todo esto: cineclub, con las proyecciones de 'Western Stars', 'Mi vida entre las hormigas' y 'Yesterday'; un taller de serigrafía; exposiciones; y la presentación del libro de Andonio Fernádez, 'La historia del ateneo contada desde los locales de ensayo 2006/2017'.



*[zapatua = sábado / domeka = domingo / astelehena = lunes / martitzena = martes / eguaztena = miércoles / eguena = jueves / barikua = viernes / agortuta = agotado / doan = gratis / borondatea = la voluntad]

Desde la nota de prensa, los de Gernika recuerdan que "la responsabilidad común, el aforo reducido y las medidas de seguridad van a ser necesarias". Aún así, tratarán hacer de Astra, Iparragirre y Lizeo "cobijos": "Íntimos y comedidos, aportarán calor al espíritu. A pesar de la distancia física, lograremos aplacar la que llevamos dentro". 

En unos tiempos en los que pocos confían en la supervivencia de la escena festivalera, el anuncio de Lekuek es un balón de oxígeno. Más teniendo en cuenta sus especiales características: un festival autogestionado, llevado a cabo por los propios espacios creativos del municipio, de "forma voluntaria y carente de patrocinio". Si ha sido un año difícil para las grandes cabeceras de la música en directo, imaginemos lo que está suponiendo a escala local.

Es por eso que la organización también ha tenido unas palabras de agradecimiento para el "verdadero combustible" de Lekuek: "El público, artistas, personal técnico, voluntarias y voluntarios" que "cada año vuelcan su pasión en disfrutar de la música" y mantienen la llama prendida. "Para que el fuego se encienda, se requiere oxígeno, calor y combustible. Sin ellos, no tiene posibilidad de ser, no cobra su esencia, simplemente no existe", afirma la nota. "Este es el hito de Lekuek 2021, una octava edición que nace de la chispa y de la necesidad de encender un fuego. Arroparnos alrededor de la música. Nuestro oxígeno. Apaguemos nuestros deseos con ganas. Tranquilicemos nuestras bestias con música".

Amansaremos a las fieras a partir del día 13. Las entradas se encuentran a la venta en la web oficial de Gernikako Lekuek. El cartel de este año, por cierto, es del artista residente en Bilbao Iban Sainz Jaio.

Ergo

Mundaka es uno de los pueblos costeros más bonitos de Bizkaia. Prometía además un festival donde disfrutar de buena música, buena comida, playa, rollo surf y un escenario bucólico del que no podríamos desengancharnos. No sería muy grande, pero disfrutaríamos de lo lindo, tumbadas entre césped y paja, iluminadas solo por el atardecer y guirnaldas de luces y un buen ambiente donde los niños podrían corretear y los adultos disfrutar de una tranquila pero saciante jornada festivalera. Costaba resistirse. Una hora en tren desde Bilbao y nos estrenamos en el Mundaka Festival 2017:


Viernes, 28 de julio. Cuando nos enamoramos del mar

Recomendaba la organización llegar a última hora de la tarde; prometían un atardecer de ensueño, con los acantilados como escenario y del que poder disfrutar con una cerveza recostados en la hierba. No mentían. Mientras Peter Harper desprendía buen rollo desde el escenario con su ukelele, una espectacular caída del sol tras la ermita de Santa Katalina dejaba tras de sí un cielo espectacular morado y rojo.

Peter, hermano de Ben, concedió un recital que fue todo paz y amor. Tanto, que bajó del escenario a abrazar a cada uno de los presentes (para esa hora aún no eran muchos) y acabó pidiendo al público que por favor se quisiesen mucho los unos a los otros.

Le seguía en las tablas Julián Maeso. Con una chaqueta de pana con flecos y el pelo largo, descargó un folk americano bailable y enérgico tras un piano Hammond que abandonó de vez en cuando para colgarse una guitarra. Al ritmo de sus primeras canciones en solitario pero también de su último y exquisito ‘Somewhere Somehow’, arrancaba la sensación de festival, con el público en aumento y la llegada de la noche.


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Quique González no hizo más que consolidar el ambiente, entre farolas y un pequeño cartel que nos daba la bienvenida a Asturiana de Zinc. Era uno de los más esperados de esta primera jornada y así se hizo notar entre el público, con numerosos fans con camisetas del madrileño reconvertido en asturiano que corearon todas sus canciones a pleno pulmón. González salió acompañado de su banda Los Detectives; también de Carolina de Juan, de la banda Morgan, la voz femenina incluida el último disco del cantautor, ‘Me mata si me necesitas’ y con la que entonó una de las canciones más entrañables del concierto, ‘Charo’. Con ‘¿Dónde está el dinero?’ el público se puso macarra (no pesan los años por este tema) y ‘La ciudad del viento’ (que compuso Paco Bastante, bajista que acompañaba a Maeso) sonó a homenaje a Mundaka como pueblo de pescadores. La clásica ‘Vidas Cruzadas’ marcó el cierre de un entregado espectáculo.

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Y tras la intensidad del cantautor, los encantados de conocerse Mando Diao. “Van a tardar dos canciones en quitarse la camiseta”, comentaba una chica. ¡Y bingo! ‘Sheepdog’ y poco más, a Björn Dixgård parecía quemarle la ropa. El ahora único líder de la banda tras la marcha de Gustaf Norén, se sentaba desafiante al borde del escenario, con el pecho al aire, mirando con media sonrisa a las chicas que se arremolinaban en las primeras filas. Un chulo, sí, que además sudó cada tema y convirtió la península en una frenética pista de baile. Le siguió toda la banda en esto del despelote, tras hacer mutis por el foro y volver a aparecer sin camisa pero con dos mesas de mezclas con las que otorgaron unos extraños minutos musicales (de agradecer que terminasen pronto). Y de ahí, a lo que se esperaba de ellos: una loca ‘Gloria’, coreada a toda voz por los presentes, un loquísimo ‘Dance With Somebody’ y un ‘Shake’, de su nuevo álbum, que se engrandeció en directo y sirvió para prolongar la fiesta.

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Cerraban la noche (con permiso de la sesión de madrugada de Dj Dark) los bilbaínos Zea Mays, que celebran veinte años sobre los escenarios con su disco ‘Harro’. Son unas de las bandas más consolidadas del rock euskaldun y se nota, con los asistentes entregados a los temas en euskera que les han acompañado en estas dos últimas décadas. Repasaron su último disco, sin dejarse las canciones de siempre: ‘Negua Joan Da Ta’, ‘Bi Bihotz, Bi Ero’ (remezclada como siempre con un divertido ‘Get Lucky’ de Daft Punk), la potentísima ‘Elektrizitatea’ y la mitiquísima ‘Kukutza III’.

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Sábado, 29 de julio. Todo es funky y rock 'n' roll

Sábado en Mundaka, sol radiante, el pueblo hasta los topes y ya desde el puerto desgarran el aire los primeros guitarrazos de los vizcaínos Last Fair Deal, que tanto suenan a hard-rock de los setentas.

Les sucedieron Allah-Las, que para nuestra sorpresa nos los encontramos esa misma tarde saltando al mar desde lo más alto del espigón del puerto con los más jóvenes del pueblo. Los californianos, desaliñados y con su rollo surf, se sucedieron en el micro central del escenario para entonar sus temas ante una audiencia aún escasa, que prefería cenar y beber recostados en la campa o en los peldaños de acceso a la ermita de Santa Katalina. Según ellos (y tantos otros artistas a lo largo del festival), se encontraban en el recinto “más bonito” en el que habían tocado nunca.

El sosiego se terminó al ritmo de las trompetas de The Expressions, la arrolladora banda que acompaña al también arrollador Lee Fields. El ‘Pequeño James Brown’, como se le conoce por su
parecido con la leyenda del funk (de hecho, le puso voz en su biopic), concedió un potente show de desencajar caderas. A sus 66 años, Fields derrochó energía, deslumbrando al personal con su baile y una chaqueta de lentejuelas que acabaron por rematar ese rollo tremendo funky. Impresionante final el del californiano, que se dejó la garganta en una atronadora despedida al son de ‘Faithful Man’.


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Quien le seguía no bajó el pistón: Beth Hart se comió el escenario. Una verdadera mujer de armas tomar, segura, decidida, fuerte, atrevida y cariñosa con un público que rápidamente conectó con ella. Y eso que estaban muy lejos, o en eso insistió ella, que una y otra vez se sentaba al borde del escenario para sentir más de cerca a los festivaleros. La 'rockera definitiva', como se la ha catalogado, hizo gala de su sobrenombre y rugió, con la guitarra o tras el piano, con la única pausa entre canción y canción para explicarnos el origen de sus canciones. Como en ‘Baby Shot Me Down’, de cuando su madre le contó que su novio le había dejado por la vecina de enfrente, Penny, y ahogaron juntas las penas en alcohol y marihuana. O en ‘Love Gangster’, que dedicó al galán que más admira, Leonard Cohen. Se le pasó el tiempo volando a la de Los Ángeles, a la que tuvieron que dar el aviso por el pinganillo de que se le agotaba el tiempo: “Fuck it!”, exclamó, tan a gusto que se encontraba ella en un escenario frente al mar, para seguidamente correr de vuelta al piano y rematar una de las mejores actuaciones del festival al ritmo de ‘Money Back’.

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Después del subidón de Hart, muchos decidieron poner fin a la noche y emprender el trayecto de vuelta al tren. Y eso que aún quedaban los cabezas de cartel, Ocean Colour Scene, que estaban programados para las dos y media de la mañana. Y si eso ya es tarde en un festival cualquiera, ni qué decir en Mundaka, un festival familiar. Lo cierto es que a Simon Fowler y compañía se les veía animados, como con ganas de fiesta a la británica, en un pub y tomándose unas birras; el público, ya no tanto, que en parte optaba por volver a sentarse en los fardos de paja. A excepción claro de los fans más acérrimos, que se desvivieron con algunos de sus clásicos noventeros de álbumes como el mítico ‘Moseley Shoals’. Remontaron al final, con los bises, a golpe de nostalgia con ‘Robin Hood’ y con su ‘hit’ más emblemático, ‘The Day We Caught The Train’.

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Dj Chelis clausuraría la noche una hora y cuarto después, con las olas chocando en la oscuridad contra el acantilado de la península de Santa Katalina y una turba de zombies camino a la estación y canturreando con las pocas fuerzas que les quedaban, como “Jimmy escuchó el día que cogió el tren”: “Oh, la, la, la…

Ergo
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El Mundaka Festival cierra su tercera edición con una sonrisa en la cara. Ocean Colour Scene, Mando Diao, Quique González, Beth Hart y Julián Maeso, entre otros, llenaron la bonita península de Santa Katalina, y en las actividades de día directamente se agotaron las entradas. El gancho, el envidiable paisaje de uno de los pueblos más bonitos de la costa vizcaína, a lo que se une un festival para todos los públicos, de géneros variados y con cabida para artistas actuales y consagrados en uno de los recintos más bonitos en los que hayamos estado.

La de 2017 ha sido la primera edición para Festivaleros!, y ya nos hemos apuntado que en julio de 2018 volveremos a ver el atardecer cayendo por los acantilados de Mundaka. Estas han sido nuestras impresiones:


Nos gustó

El enclave. Situado en plena reserva de la biosfera de Urdaibai, Mundaka es un precioso pueblo de pescadores con una playa cambiante según las mareas, bares en el puerto y un espigón desde el que la juventud salta al agua sin miedo a las alturas. La península de Santa Katalina, donde se celebra el Mundaka Festival, no es menos: con su pequeña ermita junto al acantilado y con un espectacular atardecer del que se podía disfrutar en sofás y fardos de paja, la organización puso la guinda con guirnaldas de luces y pequeñas bombillas. No pocos artistas destacaron el Mundaka como unos de los festivales más bonitos en el que habían tenido el placer de tocar.

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El aforo limitado. Fue de agradecer el pequeño aforo del recinto. Sin que resultase vacío, los festivaleros tenían espacio para bailar y no era difícil llegar a las primeras filas. Así, todo era más íntimo.

Para todos los públicos. No solo por la variedad de estilos, que abarcó desde el funky del veterano Lee Fields & The Expressions hasta el rock euskaldun de Zea Mays o la locura pop de Mando Diao, sino por el carácter amable del festival, que invitaba a acudir con los niños: por el día, los peques contaron con actividades propias; por la noche, los espacios verdes de la península de Santa Katalina les permitió corretear mientras sus padres disfrutaban de un buen concierto. Para muchos, la perfecta jornada festivalera en familia.

Festival de día. Más allá de la música, el Mundaka se prolongó mañana y tarde con su oferta gastronómica, que para algo es el ‘The Basque Music & Food Festival’. Una feria de productos locales permitió degustar txakoli, piperras o un delicioso bonito a la plancha y asistir a catas de vino y de cerveza; diversos talleres invitaron a aprender sobre música y artesanía. Si te va el surf, además, la localidad es bien conocida por tener la ola de izquierdas más larga de Europa. Una buena manera de levantar los ánimos tras la noche de conciertos y calentar motores para los del día siguiente.

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Reciclaje. Por situarse en un espacio protegido, el festival puso especial cuidado en que los asistentes cuidasen del entorno. El recinto contaba con contenedores separados por residuos y los vasos eran reutilizables.


A mejorar

El reparto del cartel por días. Parece que el festival quiso separar a las bandas por estilos: el viernes sonó a rock, pop e indie, y el sábado a blues, funky y un rock 'n' roll más añejo. El problema, sin embargo, es que aquellos que eran más conocidos por el público general se concentraron el primer día, lo que resultó en un programa un poco desequilibrado.

Sin opciones para vegetarianos. El aforo del Mundaka Festival era muy limitado, por lo que con un puesto de comida era más que suficiente. La carta, sin embargo, se limitaba a hamburguesas, salchichas y atún a la plancha: sin opciones para los vegetarianos, que debían salir del recinto, comer fuera y volver a entrar. También echamos de menos otras ofertas con las que picar algo ligero de madrugada.

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No se devolvía el dinero del vaso. Costaban un euro, y se podían conservar durante todo el festival. Sin embargo, y al contrario que en otras citas como en el Bilbao BBK Live, el dinero no se devolvía si se retornaba el vaso. Un euro no es mucho, pero suficiente para que la gente lo dé por perdido y acabe tirando el recipiente al suelo, que es precisamente lo que se pretende evitar. Al menos, se debería avisar al consumidor de que su dinero no le será devuelto.

Transporte nocturno. El festival no cuenta con camping, por lo que al apagar los focos a muchos les tocó coger el tren de vuelta a sus casas. Hubo servicio especial de Euskotren tanto el viernes como el sábado, pero no todos llegaban a todas las paradas, ni siquiera a Bilbao, que concentra la mayor parte de la población y el turismo. Para llegar a la capital vizcaína, que de por sí toma una hora de viaje en el trayecto más corto, hubo periodos de espera de hasta dos horas.

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A pesar de las pegas que hayamos podido encontrar, el Mundaka Festival es un evento que enamora. Unos de esos amoríos bucólicos aderezados con buena música, mar, cerveza, mucho sol y un envidiable álbum de fotos de recuerdo cuando la relación acaba. Tan solo tres días después, pero a la espera de otro flechazo en 2018.

Ergo
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Dicen que el verano es el mejor día del año en el País Vasco, pero no te fíes de las malas lenguas. Euskadi puede ser un paraíso estival bajo el sol, entre las olas del Cantábrico y reponiendo fuerzas con un buen pintxo. Si a eso le añadimos la música, he ahí el Mundaka Festival: un festival en la costa vizcaína que aúna conciertos, gastronomía vasca y surf, justo donde se genera la mejor ola de izquierda de Europa, con 400 metros de largo.

Pero volviendo a la música, que es lo que nos concierne, será la bonita península de Santa Katalina el escenario de la tercera edición del Mundaka Festival los próximos días 28, 29 y 30 de julio: una verde campa acabada en acantilado y batida por las olas del Cantábrico.

Mundaka, festival, cartel, 2017, Mando Diao, Ocean Colour Scene, Santa Katalina, penínsulaUn lugar con un atardecer único, presume la organización, al ritmo de un cartel nada desdeñable. Lo encabeza uno de los grupos más emblemáticos del brit-pop de los 90, Ocean Colour Scene, que ya recalaron en Euskadi el año pasado en el Bilbao BBK Live, donde le dieron un repaso a su segundo álbum, 'Moseley Shoals' (1996), el más exitoso de su carrera. En el BIME de 2014 vimos por última vez a los locos suecos Mando Diao, que regresarán ahora con disco recién estrenado, 'Good Times', promesas de baile y despendole.

El tercer día de festival, además, será gratuito: una sesión vermú en otro escenario único, la Atalaya, animada por el rythm & blues de Dj Blacká y por tres grupos: los donostiarras Willis Drummond, con su potente rock; los neoyorquinos The Rad Trads, con su mezcla de jazz y swing; y los vizcaínos Seiurte, al ritmo de su rock melódico.

La programación de los dos primeros días -estos sí, en recinto-, la completan Beth Hart, "la rockera definitiva" según 'The Blues Magazine', que presenta 'Fire On The Floo'; Allah-Las, un cuarteto de Sunset Boulevard que trae su tercer álbum, 'Calico Review', entre garajero y psicodélico; Quique González, con su banda Los Detectives; la clase multiestilística de Julián Maeso con 'Somewhere Somehow'; los bilbaínos Zea Mays, que celebran veinte años en los escenarios con 'Harro'; Lee Field & The Expressions, con una especie de "revival del clasicismo negro"; el folk americano de Peter Harper, hermano pequeño de Ben Harper; y los vizcaínos The Last Fair Deal, con influencias del rock, el blues y el soul sureño.


El festival también deja hueco para los Djs, con Chelis, uno de los mejores pinchadiscos de España según Rockdelux, y Dark Dj, destacado en la escena underground vizcaína.

Las entradas, 65 euros el abono y 40 el pase de día (de viernes y sábado, recuerda que el domingo es gratis), se pueden adquirir a través de la web oficial del festival.


Aquí tenéis el cartel musical y su compañero gastronómico divido por días:

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Cómo llegar

La organización recomienda que te acerques a Mundaka en transporte público. Para ello, tiene dos opciones: en tren, en la línea de Bilbao a Bermeo; o en autobús, tomando el Bizkaibus número A3515, que recorre Bilbao, Amorebieta, Gernika y Bermeo, o el A3527 que hace Bilbao, Mungia y Bermeo. Si aún así optas por acercarte en coche, tienes dos aparcamientos disponibles en las localidades anexas de Bermeo y Sukarrieta junto a las paradas de Euskotren.


Ergo