El Metronome Prague Festival volvió a tomar las pistas del aeropuerto de Letňany con una edición que apostó fuerte por los grandes nombres sin sacrificar la diversidad ni la sorpresa. Tres días de música bajo un cielo checo caprichoso, entre nubes y claros, el escenario perfecto para una programación que iba del post-punk más oscuro al caos psicotrónico más luminoso.

Una de las apuestas más inteligentes de esta edición fue la promesa del festival de no recortar los sets de los headliners. Nick Cave, Sting y Tom Odell actuaron con pleno derecho escénico por más de 2 horas. Y se notó.

Entre la amplia programación de estos días, nos llamaron especialmente la atención los siguientes artistas.

Slowdive abrió el sábado con su shoegaze etéreo y envolvente. El cuarteto inglés construyó muros de sonido que flotaban sobre el público como niebla densa, con Rachel Goswell y Neil Halstead intercambiando armonías que parecían venir de otro mundo. Un concierto para cerrar los ojos y dejarse llevar.

Manic Street Preachers trajeron su rock político y su melancolía galesa con la intensidad intacta. Los himnos sonaron igual de urgentes que hace treinta años. 

Of Monsters and Men, los islandeses de pop-folk luminoso, entregaron lo que prometen: melodías grandes, coros masivos y esa energía de campamento que convierte a los desconocidos en coro improvisado. 

Los mejores conciertos: The Flaming Lips y Nick Cave & The Bad Seeds

The Flaming Lips son, ante todo, una experiencia. Wayne Coyne salió al escenario con su energía característica de profeta del rock psicodélico, rodeado de globos gigantes, confeti y pantallas desbordadas de imágenes alienígenas.  

La banda demostró que su propuesta visual no es artificio sino extensión natural de una música que siempre ha apostado por el asombro como forma de vida. El público de Letňany, entregado desde el primer globo, respondió con la energía de quien descubre en directo algo que no sabía que necesitaba. Fue el concierto más festivo y, en muchos sentidos, el más generoso de todo el festival, con canciones que resisten el paso del tiempo con una gracia inusual.

Nick Cave & The Bad Seeds hicieron exactamente lo contrario, y fue igual de devastador. El australiano llegó al escenario con la solemnidad de un predicador que ya no necesita el púlpito para que todo el mundo guarde silencio. La promesa del festival se cumplió: set completo, sin atajos, sin concesiones al reloj. Y eso significó dos horas y media de teatro negro, lírica de funeral y catarsis colectiva.

La formación sonó monumental. Warren Ellis construyó texturas que amenazaban con derrumbarse en cualquier momento, mientras Cave transitaba entre los extremos de su catálogo con una fluidez que solo da la madurez de quien ha convertido el dolor en arte durante décadas. "Jubilee Street" tuvo un comienzo delicado que creció hasta sacudir físicamente el suelo. "Into My Arms" funcionó como un momento de liturgia compartida, con miles de voces uniéndose sin que nadie lo pidiera. Y cuando llegó "The Mercy Seat", el cielo oscuro de Praga pareció el decorado más apropiado del mundo.

El festival también reservó espacio para la escena local, y eso se agradeció. Nombres como Anki, Dominik Gehringer, I Love You Honey Bunny, Marie April & The Fools o Mat213 & Gufrau demostraron que la música checa tiene cosas interesantes que decir, y que Metronome no solo mira hacia fuera cuando construye su programación. Un gesto que le da al festival carácter propio y que el público de casa supo valorar.

Metronome Prague 2026 cerró con la satisfacción de quien cumple lo prometido: grandes artistas con espacio real para desplegar su mejor versión. 

¡Hasta la próxima edición!

Adriana

Fotos: Martin Šimral, Marek Smejkal, Romana Kovacs, Simral, Martin Šimral

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