Suena el despertador. Lo apagas. Te levantas. Vas al baño. Meas. Cepillas
Tus dientes. Te duchas. Te vistes. Desayunas. Y a trabajar.
Trabajas. Te detienes para comer. Y sigues trabajando. Sales del trabajo. Vuelves a casa para hacer la cena, ves una serie o una película, si tienes tiempo. Y finalmente, a dormir.
Y así cada día. Los 365 días del año.
Pero cuando has estado en sziget, tu vida diaria cambia. Porque esos 8 días que estuviste allí ahora son 357 días más.
Ahora vives en una elipsis temporal permanente.
Ahora te despierta la música de uno de los escenarios.
Ahora te duchas primero y luego te cepillas los dientes.
Ya no estás en tu mesa de oficina. Estás frente al main stage haciendo una batucada en la mesa de un bar.
No suena el teléfono de tu trabajo. Suena el chuck norris bar que te llama una y otra vez.
No paras para comer. Comes para no parar.
No duermes en tu cama. Duermes en tu camping. O en el de las francesas o italianas.
Cerramos nuestra serie "Sziget: Primera experiencia" con el relato de Dr. P, amigo y colega de nuestro Dr. J. Este festivalero veterano de las praderas normandas, plantó su quechua Palaceen la isla de Obuda durante siete días con sus siete noches y superó todos sus limites de resistencia batiendo el récord de salto y carrera modalidad balkan en la Roma Tent. A continuación, sus conclusiones sobre su estancia en la Isla de la Libertad.
Desde hace 4 años vengo sufriendo los comentarios de mi amigo y socio, el
Dr. J, que no paraba de decirme lo guay y maravilloso que era el
festival Sziget. Cuando este año decidimos no ir a nuestro
querido festival Papillons de Nuit, me decidi a venir a Sziget para
comprobar si todo lo que me había dicho era cierto o no. Pues bien, después de pasar este año por Sziget he podido constatar que todo lo que
me habia dicho era verdad, e incluso que se había quedado corto.
Vosotros pensaréis que es imposible que sea tan bueno, que estoy
exagerando, que se me ha ido la pinza, pero la verdad es que es casi
imposible poder explicar todas las sensaciones y experiencias vividas
durante la semana mágica que dura el festival.
Además, el hecho de venir con gente veterana de este festival tiene el
añadido de ver en sus ojos un puntito de envidia sana porque reconocen
en las miradas y en las caras de los novatos esas primeras experiencias
que ellos mismos vivieron.
En primer lugar, el nombre de Isla
de la Libertad es bastante acertado, porque en la isla puedes hacer casi
todo lo que quieras, siempre y cuando respetes a los demás: puedes
acampar casi donde quieras, puedes comer un sinfín de cosas diferentes
(desde comida húngara, hasta paella, chili con carne, etc, etc, etc),
bebes con la única restricción de lo que tu cuerpo pueda, ríes por el
simple placer de reír, bailas como si no hubiera un mañana, hablas con
quien quieras, te mueves con total libertad... parece un sueño, pero
es real.
Durante el primer día ya me di cuenta de un detalle
muy curioso, y es que el tiempo parece ralentizarse de una forma casi
infinita. Cuando lo pasamos muy bien, el tiempo pasa
volando, pero en Sziget pasa justo lo contrario, las horas se
transforman en días y los días en semanas. Yo he pasado "solo" una
semana en la isla, pero tengo la sensación de haber estado un par de
meses, y eso es porque los días son tan intensos y la cantidad de
experiencias tan grande, que parece imposible hacer tanto en tan poco
tiempo. Otra cosa increíble es que la isla
te da lo que necesitas justo en el momento en que lo necesitas y te
compensa si por h o por b, te has perdido algo.
La
cantidad, variedad y calidad de la música también es infinita, a todas
horas y casi por todos los sitios. Si no apetece música, también hay
espectaculos de circo, teatro, danzas húngaras...
No puedo
terminar sin antes mencionar dos sitios superespeciales de la isla: el
Irish Pub y nuestra amada Roma Tent. En estos dos sitios es donde mejor
se refleja el espíritu de la isla, puedes bailar y cantar con personas y
"personajes" de casi cualquier parte de Europa y/o mundo y divertirte
sin límites.
En resumen, una de las
mejores experiencias de mi vida, recomendable en un 200% y sobre todo,
que se puede y se debe repetir.....no pares, Sziget, Sziget; no pares,
Sziget, Sziget........
Continuamos la serie de impresiones de los que aterrizaron este año por primera vez en Sziget Festival. Hoy os dejamos las reflexiones de Mr. Shacka Lacka, un festivalero que, a diez días del festival, ni siquiera sabía que la isla de Obuda lo iba a llamar a ser uno de sus sciudadanos. Durante el festival sufrió una curiosa transformación mística y, a pesar de que la experiencia casi le cuesta perder las dos piernas, conectó inmediatamente con el espíritu de Obuda. Creemos que ahora se encuentra en un lugar de retiro escondido en algún rincón solitario de la meseta castellana, intentando encajar la experiencia en Sziget. Sin embargo, hemos podido recuperar sus notas, en las que podéis comprobar la evolución entre la sorpresa inicial y la posesión completa por el flow obudabiano.
Mi Primer Día en Sziget Lo
cierto es que no sé por dónde empezar pero lo mejor de todo es que no
sé cómo puedo acabar. El paso previo desde el puenteque te lleva
directo a la isla es un momento especial para todos aquellos que se
encaminan hacia la isla de la libertad. Un lugar donde los szigeteros
dicen que todo puede pasar. Y así es. En cuanto cruzamos el control
previo a la isla del descontrol, uno empieza a percibir algunas
pinceladas de este lugar mágico, que durante una semana reúne a casi
400.000 personas de más de 60 países. Una vez pasado el control,
te entregan un pasaporte con el programa de conciertos y actividades.
Oficialmente, uno ya es habitante de la isla. Ahora toca buscar un buen
sitio para acampar. Es cierto que ir con varios amigos que han estado cuatro
veces en este festival te pone las cosas más fáciles. Ellos son nómadas
de la isla y acampar no supone un problema porque vamos directos a una
zona intermedia entre el escenario de las músicas del mundo, las duchas y
zonas para comer y cambiar dinero para poder usar la tarjeta de crédito
de Sziget.
Una vez asentados, toca explorar la isla de la
libertad. Tus sensaciones son la mejor guía para moverte en ella. Hay
tantas cosas por descubrir, tantos tipos de comida que probar y géneros
musicales por oír que hay que empezar pronto a adentrarse en ellas.
Una
vez situados en el Main Stage aparece el grupo Skunk Anansie. Un grupo
con un directo enérgico que recarga las pilas al público para que
después puedan desfogarse en el escenario de los mundos con La Pegatina,
grupo rumbero catalán con tanta energía que hasta un alemán se
desmelena. Ver reunidas tantas nacionalidades en este concierto llena a
uno de orgullo y satisfacción, sobre todo porque el público está
completamente entregado a sus ritmos.
A continuación, vamos a la
A38 donde Flogging Molly hace vibrar al público en un divertidísimo
concierto. Después de este concierto no me acuerdo de lo que pasó en las
siguientes horas pero sí de estar en Roma Tent Stage, un lugar
indispensable para aquellos a quienes les gusta la mezcla de música
balcánica con dance. Y es que como reza su eslogan y que podría ser
aplicable a toda la isla: "Fusion is beautiful".
Emociones en Movimiento Planificar no es una opción cuando estás en la Isla de Obuda.
Es el karma quien te muestra el camino. No hay horarios, son tus sensaciones quienes marcan cada instante. Déjate llevar, experimenta nuevas situaciones que irán surgiendo sin explicación alguna. No intentes controlar cada situación porque eso no depende de ti, sino de la Isla. Intenta perderte, así encontrarás nuevos caminos, nuevos horizontes donde lo inesperado te guiará en tu travesía.
Este año Sziget Spain ha tenido la gentileza de invitar a Obuda Island a tres festivaleros que han vivido por primera vez la experiencia de la Isla de la Libertad. A través de sus ojos hemos vuelto a vivir Sziget como si fuera nuestra primera vez. Iniciamos una mini-serie con sus testimonios con las palabras que nos ha enviado Joaquinusrexus, un bloggero viajero cuyas aventuras podéis seguir en el blog Ligerosdeequipaje. Para él no sólo ha sido la primera experiencia en Sziget sino también la primera vez en un festival de música. Así vivió su estancia en la isla de Obuda.
Sziget ¿y eso qué es?
Así comenzaba para mí
la aventura. Una propuesta hecha en una noche de fiesta barcelonesa.
Con algo de sangre diluida en el alcohol que corría por nuestra
venas, tuvimos una idea muy interesante. Nos iríamos hasta Budapest
en autocaravana. Un road trip que nos llevaría al famoso festival de
Sziget. Encantado con la perspectiva de volver a viajar era fácil
convencerme y los festivaleros lo sabían muy bien. En medio de un
brindis, con un extraño líquido amarillo similar a la sangre de
alien, comenzaba el viaje.
Tras salir de Barcelona
llegué hasta Milán, donde dos festivaleros de aspecto imponente me
esperaban para evitar que me escapara y me metieron en el coche que
nos llevaría a destino. Nuestros pasos recorrieron las tierras de
Italia, Eslovenia y Croacia antes de llegar a la capital húngara. Conseguimos los pases, y nos pusimos en la cola
para entrar en la Isla. Y todo cambió...
Desde que pisas el
puente que lleva a Obuda el ambiente se trasforma. Todo es más
relajado, todo es más tranquilo, desaparece el estrés y te sientes
extrañamente feliz (y todo esto sin necesidad de sustancias
ilegales). La fauna local es la mejor. Gente disfrazada, otros con el
pelo pintado, gafas extrañas. Toda una variedad de gente pero todos
ellos con algo en común, el buen sentido del humor, el tono amigable
y las ganas de divertirse de forma sana. Aquí es fácil conectar con
todo el mundo. La música y la gente crean un campo de cultivo donde
cada cual saca algo bueno y aporta algo.
Y, por supuesto, está
la música. Tanta variedad que es imposible no encontrar algo que te
guste. Yo me quedaría con la fuerza de Skunk Anansie, la
interesante experiencia de Woodkid y el concierto de Blur donde
todos acabamos votando cual peonzas pero, como os decía, no es solo
la música.
Para mí, el festival pierde algo del encanto el fin de
semana. Es cierto que hay muy
buenos conciertos pero las hordas de festivaleros que invaden el
recinto desde Budapest no tienen el mismo encanto que ese szitizen que
vive y duerme en la Isla. El ambiente de relax y de utopía se
pierde un poco para convertirse en una macrofiesta, la magia se
diluye un poco. Pero bueno, hay que seguir en el flow como dice el Dr
J...
Sziget no ha sido sólo
un oasis dentro del dia a día, es una gran experiencia de
aprendizaje. Aquí consigues tener una nueva perspectiva de cómo
pueden ser las cosas. Dejas de lado prejuicios y ves que es fácil relacionarte con todo el mundo y compartir experiencias (aunque
hay que reconocer que la cerveza lo hace todo más fácil).
Después de semejante
experiencia festivalera eres un poco más sociable. Comienzas a
entender que, dentro de cada persona, puede haber un szitizen. Alguien
con quien hablar y reírte un poco. La vida puede ser un poco más
"Don´tworry, be happy"... y además está la música.
Bueno, esta isla es de tal manera, que hasta ahora casi no hemos hablado de música. Os hemos perfilado desde el terreno el alma y la sonrisa de Sziget, y os contábamos cómo vivimos las actuaciones de los amigos de Dinero y de La Pegatina.
Otro de los pilares de la experiencia en la isla de Obuda son los conciertos, claro. Y después de haber asistido en esta edición a más de una treintena de ellos, podemos afirmar dos cosas: 1. En Sziget la magia y la música acampan en la isla y se confunden entre sí y con nosotros. 2. El tan denostado cartel de este año ha mantenido el tipo tanto en calidad como en intensidad, como un campeón.
Después de los días previos de adaptación al medio, en los que sobre todo los escenarios llamados "Irish Paco's Pub" y "Afro-Latin-Reggae-Rober" nos mantuvieron ocupados, el miércoles empezó el carrusel de conciertos. Guitarrazo de salida a Sziget 2013.
Y casi la primera en aparecer sobre el "JoMain Stage" fue una vieja amiga. Volver a ver a Skin al frente de Skunk Anansie fue un momento personal, algo que detuvo el tiempo, la noria, la isla, la gente...es algo que tenemos ella y yo porque nos miramos a los ojos y nos entendemos y eso no se consigue fácilmente, y siempre lo tengo presente. Esta vez me guiñó un ojo en mitad de un salto y al caer me gritó delante de todo el mundo:
- ¿Qué pasa K?¿cómo lo llevas? Apuesto a que sigues saltando...¿ves? Ya te lo dije. Tú salta lo más alto que puedas, respira y confía. Me alegro de verte aquí tron, hasta pronto. - Eh! Se intenta tía, te eché de menos, a tí y a esos gritos que me pegas. Gracias Debbie, nos vemos! - Vale, hoy te permito hasta eso. Cuídate y disfruta! Yo sigo saltando...
Buenas canciones, energía positiva y sentimiento. Eso es Skunk Anansie en directo.
Otros viejos conocidos nos esperaban en el escenario "A(lbert)38". Siempre tenemos que llegar corriendo a los conciertos de Flogging Molly, ya es como una tradición, y esta vez no fue una excepción, sino de nuevo un calentamiento para no parar de bailar. Dave fue caldeando el ambiente mientras llegábamos, y el calor en la carpa sólo era comparable al calor de escuchar 'Drunken Lullabies' con quien tengo que escuchar 'Drunken Lullabies', en el momento y en el sitio adecuados. Una buena sesión de irish-punk para mantener el craic en todo lo alto.
Con Ska-p siempre me encanta comprobar cómo son conocidos y queridos por la gente de sitios a priori tan lejanos. Verlos en el Viña es una cosa y ver a franceses o italianos cantando 'Legalización' puede entrar dentro de lo normal. Pero ver a búlgaros, húngaros, holandeses cantando 'Romero el Madero' o 'GatoLopez' nos da una idea de la dimensión que este grupo nacido en vallekas tiene en parte del mundo. Ellos no hablan inglés, pero las caras de Pulpul, la actitud, la energía y los disfraces de Pipi, y la músicabastan para comunicarse. Hora privilegiada en el main, ska-punk de casa, todos encantados y yo surfeando por encima de la multitud...¿que más se puede pedir?. Resistencia!
No puedo olvidarme de Dub FX , para mí sin duda uno de los conciertos del festival. La carpa "Charly Arena" a rebosar para un concepto totalmente callejero y artesano llevado a un escenario por todo lo alto. La cosa consiste en lo siguiente. Un tipo con un micrófono, una maquinita que almacena samplers, sonidos y voces grabadas in-situ por el tipo, y una ristra de pedales de efectos. Comienza haciendo un ritmo con la boca (beat-box), lo reproduce como base, va añadiendo los ruidos y las voces, pequeños trozos cantados, que a su vez graba y reproduce, mezclándolo todo con los pedales y empieza a cantar o rapear sobre esa base drum'n'bass, jungle, hiphop, dancehall...que acaba de componer. Si explicarlo es complicado, hacerlo en directo tiene que ser estresante, y hacerlo delante de miles de personas, todo un reto. Un error de cálculo, una falta de precisión al darle a un botón, puede hacer que toda la canción se descuadre y el show se vaya al traste. Increíble lo que hace este australiano. De esas cosas que te dejan con la boca abierta y la mente pensando: "esto que estoy viendo es muy grande!!". Dub FX señora! Si pasa por su ciudad, no se le ocurra perdérselo!
Otros que no me perdería nunca son Bad Religion. Los californianos siguen cantando 'I want to Conquer the World' o 'Do what you want' (canciones de finales de los 80's) con la intensidad de unos chavales que ya no son pero con el regusto de la autoridad que dice: "Eh gente!, somos los padres de esto y todavía lo partimos". Hacia el final del show, una legión de árboles entran en la carpa saltando para darle un toque delirante (muy szigetero) a un concierto que nos tuvo una hora y pico con los pies despegados del suelo.
Pero si tuviera que elegir el mejor concierto del festi, en global, elegiría a Blur. El gran nombre del Festival cumplió e incluso superó mis expectativas. Damon Albarn y Graham Coxon salieron a escena con esa pinta de buenos chicos que tienen como etiqueta y dispuestos a demostrar y a pasarlo bien. Enseguida nos damos cuenta de que Damon tiene en la cara la sonrisa de la isla, la sonrisa Sziget. Esa sonrisa medio nerviosa, medio incrédula y los ojos bien abiertos intentando captar todo lo que ocurre porque no terminas de asimilarlo. Pero allí estaba, desde el inicio con 'Girls & Boys', creando más de hora y media de conexión a todos los niveles, con la isla y con la gente y con el tiempo en que Blur empezó a ser Blur. Está a gusto, juguetea sobre el escenario, le canta el happy birthday a una de las chicas que van con ellos, se vuelve a reír, baja a cantar 'Country House' con el público, con 'All the people', y cuando sube saluda a la gente que acaba de conocer por el foso: 'Eh! Nick, verdad? ¿Te ha gustado la canción?'. La de sitios donde habrá estado Mr. Albarn, con Blur, con Gorillaz...y ahí lo tienes, flipando. Se le nota en los ojos. Por cierto, ver a Graham sacar su telecaster negra y escuchar 'Song 2' en directo es una de esas cosas que te gustaría compartir con tus muy mejores amigos como tantas veces lo hiciste con la grabación en cualquier tugurio. Indescriptible.
Que sí, que ya sé que a veces me pongo muy tonto en plan todo es genial y maravilloso y no puede ser (aunque a veces sí). La decepción para mi llegó con Empire of the Sun. ¿Por qué? Pues porque me aburrieron con su electrónica pretendidamente glamurosa, new-post-new wave, futurismo de tiralíneas, que me quiere llevar 'Walking on a Dream' con todo el show visual, muchas luces y un escenario grandilocuente pero me deja 'Standing on the Shore' liando un cigar y mirando de reojo para ver cuando cierra la disco.
Mucha música se me queda en el tintero y mucha variedad: Enter Shikari, Editors, Franz Ferdinand, Leningrad, Mika, Totally Enormous Extinct Dinosaurs, Les Tambours du Bronx, Zaz, Skip&Die, Nneka, Babylon Circus, el Final Show con David Guetta... además de escenarios tan nuestros que hemos acuñado como la "Magda Tent" o el "Chuackín Norris Bar". Tantas cosas que contar. Continuará...
Y es que Fusion is Beautiful amigos y Sziget posiblemente sea el festival más ecléctico del mundo. ¿Nos gustará tanto por eso? Sí, por eso también...
No es nuestra primera vez en esta isla y, aunque echamos de menos esas sensaciones del primer aterrizaje en Obuda Island, es un placer ser veterano en Sziget Festival. Con el tiempo ya vamos reconociendo y somos reconocidos por unos cuantos szitizens de otros años y nos movemos por esta república como festivalero por su casa. Sin embargo, hemos encontrado la forma de revivir esas primeras impresiones del que descubre Obuda Island: no hay más que fijarse en los rostros de los nuevos sziudadanos. Tienen la mirada iluminada y viva de quien quiere registrar hasta él último detalle para que quede grabado a fuego en la retina y una sonrisa que encierra la sorpresa, la felicidad y la alegría en su estado más puro.
Aquí uno descubre que la libertad lleva de la mano lo creativo, lo espontáneo, lo solidario. En esta isla, las nacionalidades se entremezclan tanto como los diferentes estilos musicales, como un gigantesco caleidoscopio del que cada individuo forma parte. Cada festivalero que llega hasta aquí aporta un matiz más a lo que está ocurriendo y, al mismo tiempo, todo lo que ocurre, le transforma en su propio interior. Es algo que no falla, todos os lo dirán: hay un antes y un después de Sziget.
Stephanie, una experimentada festivalera belga que ha hecho festivales por medio mundo nos afirmaba que nunca había estado en un lugar parecido. Nick, un holandés náufrago de un mañaneo al que recogimos en el Nostromo, intentaba explicarnos con su estilo Monty Python cómo sus defensas habían desaparecido a los pocos minutos de estar en la isla y había comprendido que solo podía entregarse al flujo de energía de Obuda Island. Unos hablan de cómo el tiempo se contrae y se dilata por la apabullante cantidad de vivencias al día, otros aseguran que Sziget es una experiencia que les ha hecho reflexionar sobre sus vidas y tomar decisiones que no hubieran tomado de otro modo. Algunos, como el italiano Ricky, ni siquiera son capaces de describirlo porque la pregunta les provoca una risa incontenible. Magdalena, una intrépida festivalera polaca, aún después de haber pasado tres días en la isla, se seguía preguntando cómo es posible que esto exista y por qué precisamente en este lugar: ¿por qué en Budapest? ¿por qué en esta isla? Cuando lo decía ya tenía la sonrisa. Todos ellos la tenían.
Cuando estás aquí no hay más remedio... Sonríe, estás en Sziget!!
Es miércoles. Llevamos aquí dos días y hemos acumulado una
cantidad de sensaciones suficiente como para creer que llevamos dos semanas. Estamos corriendo por uno de nuestros atajos entre el
Main y el World Music, donde hemos dejado volando los átomos de
energía de Skunk Anansie para ir a ver a La Pegatina
en el World Music. Yo aún no los conozco, pero mi colega k boy me ha
asegurado que me van a encantar y, a estas alturas del festivaleo, sé
que siempre tiene razón. Por una paradoja del espacio-tiempo obudabiano, llegamos tarde
pero a tiempo: esto acaba de empezar. Una multitud enloquecida de
felicidad baila bajo una lluvia de serpentinas y de papeles de
colores. Ska mediterráneo, rumba evolucionada... a esta Pegatina es
difícil ponerle una etiqueta pero lo que está claro es que son sinónimo de fiesta.
En el público debe de haber un millar de españoles, pero eso no es posible: esos serían muchos más de los que estamos
acostumbrados a ver en esta isla... un momento, fijaos bien: no todos son
españoles!! La mayoría son holandeses, belgas y franceses, pero
están cantando las letras de memoria y dando palmas como auténticos rumberos catalanes. El calor ya no viene del sol,
sino de la energía de la multitud que está completamente desatada. El grupo intenta despedirse, pero no lo tiene fácil: lo que han creado ya tiene vida propia. La última
nos la brindan en modo brass banda, rodeados por una turba de locos
seguidores.
Un rato después, charlando con ellos, nos confirmaron las buenas sensaciones de un concierto que habían sacado adelante a base de ser auténticos y ponerle corazón. Se veía que, desde que habían pisado Obuda Island, se habían enchufado
al espíritu Sziget y, antes de salir a escena, ya estaban completamente
sintonizados con el alma de esta isla. En los próximos días os contaremos todos los detalles
de nuestra conversación en Obuda con estos inagotables mensajeros de
la fiesta a los que dejamos continuar con un periplo que va a hacer gritar Eureka! en medio mundo. .
Primer día en Sziget Festival 2013. La isla recibe a los
primeros Szitizens y las tiendas empiezan a desplegarse a lo largo y ancho de
Obuda. Es un día para explorar el terreno, para sonreír al reconocer
los lugares donde te han pasado tantas cosas, si es que ya estuviste en
el festival antes, o para descubrir todo un mundo mágico si es la primera
vez que pisas esta isla.
Una vez que compruebas que todo
está en su sitio y te apuntas los nuevos sitios y escenarios, el cuerpo
te pide empezar a buscar algo de música. En realidad, es el día "menos uno", sólo hay un concierto de un
grupo local en el Main Stage esta noche y la única música en directo hasta entonces
la ponen los ganadores de los concursos de talentos organizados por los promotores
de Sziget de media Europa y que cada año traen a los ganadores a tocar
al festival. Este año, de España han venido nuestros
favoritos: Dinero, y tenemos muchas ganas de ver cómo responde el público
porque de ellos no tenemos ninguna duda de cómo van a responder.
Antes Shafty Brothers, los ganadores en Francia, se encargan de vaciar la carpa del Hungaricum Stage con una sesión de electrónica housera tocada en directo que no está mal al principio pero enseguida se torna demasiado repetitiva. Con un escenario dentro de una carpa, en lugar de al aire libre, a la que tienes que entrar aposta para ver a los grupos, y unos"teloneros" que te dejan sin público la cosa no pintaba demasiado bien. A falta de diez minutos para el comienzo, nos acercamos a dos chicas que esperan a Sean y los suyos. Están pegadas al pie del escenario y una de ellas va envuelta en una bandera española. Para nuestra sorpresa, no son españolas, son húngaras y nos cuentan que están muy nerviosas porque son fans de Dinero y por fin van a poder verlos en directo. El resto del público, poco más de una docena de españoles y algunos curiosos y gente suelta. El comienzo es contundente y un goteo continuo de szitizens comienza a entrar en la carpa. Vienen atraídos por ese sonido tan "dinero", potente y sólido, que sigue creciendo durante los 40 minutos que tienen de concierto, enganchando tema tras tema sin apenas pausas entre canciones. Suenan muy bien, suenan al doble de la mitad de los grandes y al llegar al final nos quedamos con ganas de más. Sean da las gracias al público y demuestra lo encantados que están de estar allí y el auditorio responde. Han gustado, han conseguido congregar a más gente que cualquier otro en toda la tarde y se han revelado a un público como una banda con detalles de grupo grande y una actitud de ilusión desenfadada, sin dejarse amedrentar por las adversidades.
Ellos se lo han pasado bien, tocar en Sziget ya ha sido una experiencia para ellos pero aun tienen que completarla durante esta semana como habitantes de la Isla de la Libertad. Pasadlo muy bien, chicos, dadlo todo, que ya descansaréis en invierno.Y al resto, en los próximos días os contaremos todo lo que nos contaron los Dinero, incluido ese nuevo proyecto que tienen en el horno.